20130820

Yo también lo sé

Yo sé que mis conocidos hablan de mí. Sé que mi familia habla de mí. Sé que hay mucha gente hablando de mí a mis espaldas. ¿Por qué no trabajo? ¿Por qué no estoy casada? ¿Por qué no tengo hijos si estoy tan "vieja"?

Y mi respuesta a esas preguntas que se hacen para el otro lado, parte con otras preguntas: ¿por qué les importa? y más importante aún, ¿por qué les molesta?

Hubo un tiempo en que el gran problema era que les molestaba que no terminara mi tesis... lo único que querían era que la terminara, que me titulara, etc. Como si mi mundo se fuera a arreglar por eso. Sé que no se iba a arreglar, sé que no iba a ser más feliz porque... ¿por qué habría de serlo? Incluso una vez se lo dije a Sergio: "te apuesto a que después solo vienen más peticiones para hacerlos feliz: que trabaje, que me case, que tenga hijos..." Incluso una amiga me dijo que yo sería feliz si encontrara algo productivo qué hacer. Unos años después, me dice que yo sería feliz si tuviera un bebé.

La verdad, es que si yo tuviera un bebé se lo entregaría a esta amiga, o a mis padres, o a cualquiera de esas personas que dijeron que un bebé me haría feliz, porque la verdad es que yo no quiero ni necesito un bebé: ellos lo quieren y ellos lo necesitan. Siempre los demás necesitan de mí. Siempre. Ese ha sido todo el sentido de mi vida.

Desde que tengo cuatro años que noté lo mucho que me necesita el mundo: ayúdame a cuidar a tu hermanita, ayúdame en la caja, ayúdame a vigilar... Todo acompañado de un "ya eres grande". En resumida cuenta, llevo 27 años siendo grande y necesitada por los demás. El aprecio que siento de parte del mundo está directamente relacionado con mi utilidad y nada más (si hasta la hermana de Sergio parece que recurre a mí para las tareas escolares difíciles de su hija). ¿Trabajar yo? Sí, con gusto, todo sea para que el mundo deje de molestar pidiendo favores.

Pero no he podido: soy representante legal de una compañía de mi padre, quien siempre dice que necesita una firma en forma urgente. He tenido muchas veces que dejar todo botado para cruzar la ciudad y firmar un documento. Siempre es urgente, siempre me pide que corra. Pero las pocas veces en que me ha sido realmente imposible, resulta que "no importa, se puede firmar mañana". Ahora "trabajo" con él: la diferencia está en que paso el día jugando Farmville y perdiendo el tiempo en redes sociales, porque ya ni siquiera me paro a cocinar o a ayudar realmente a alguien, cosa que era más frecuente cuando me quedaba en casa. Ahora solo me siento a esperar a que llegue un día en que se necesite una firma, o una transferencia electrónica. Y no exagero cuando digo día. La verdad, era más productivo quedarse en casa.

Una vez le dije a mi papá que no quería seguir prestando el nombre. Se enojó, resopló, me gritó: "te estoy pidiendo que me ayudes, ¿por qué no me puedes ayudar?" y la verdad es que no hay motivo para no ayudarle, excepto que ayudarle así me perjudica a mí, pero él es demasiado ciego para aceptarlo, o demasiado tonto para entenderlo.

Por otra parte, tengo novio. He tratado el tema de irme a hacer controles de calidad en destino (o sea, trabajar en el extranjero)... pero solo recibo caras de pena y preguntas "¿por qué? ¿y yo, qué? ¿qué voy a hacer yo?". Cuando mi hermanita era más chica, le conté que yo podría trabajar en otro país y se puso a llorar. Antes el motivo fue ella, ahora el motivo es él. Misma cosa pasa si se trata de ir a otra ciudad. Parece que si quiero trabajar en otro lugar, debo encontrar dos trabajos: uno para mí, uno para mi novio.

Pero tampoco se puede: mi novio no puede arrendar su departamento durante un plazo de cinco años, porque recibió un subsidio para comprarlo, y entre las reglas del juego está la prohibición de vender o arrendar en ese período de tiempo. Hasta el momento —incluso dejando la representación de la empresatodo me mantiene en Santiago.

Y de los 15 anuncios a los que postulé en un año, recibí una sola entrevista que no prosperó. Sin embargo, me llamaron meses después, desde la misma empresa para ofrecerme otro trabajo... que tuve que rechazar porque estábamos empezando un negocio y preparándonos para vender en un evento ferial... en la misma fecha en que empezaba este trabajo. He postulado a otras cosas, sin resultado positivo. A veces parece que tendré que mentir para obtener un puesto. Tengo conocidos que lo han hecho. Pero yo me niego a mentir.

Tampoco es que los anuncios de trabajo sean muy abundantes. La verdad es que no son escasos realmente: lo escaso es un trabajo en Santiago que no implique ventas (si hay algo que sé es que soy pésima vendedora), que no requiera de poseer un auto, y que no exija varios años de "experiencia en cargo similar".

Tener un padre que me ha insultado toda la vida no ha ayudado en nada. Muchos años de psicólogo y psiquiatra solo me han llevado a la conclusión de que su forma de tratarme ha sido la causa de todos mis males. Muchas veces deseo sueño con su muerte, conmigo escupiendo sobre su ataúd, conmigo dando un discurso sobre lo mal padre que fue, con mi familia enojándose conmigo... y con todos enojándose conmigo porque en la realidad parece que ningún muerto es malo de verdad y a todos los muertos hay que quererlos. Y cuando pienso en esa muerte es cuando dejo de pensar en la mía.


Si usted cree que yo necesito terapia otra vez, créame que yo creo lo mismo.

20130413

Conversaciones ajenas 1

La gente habla sobre el tiempo, solo por hablar acerca de algo: hace frío, hace calor... nunca falla, aunque la respuesta al comentario sea un monosílabo.

La gente habla de lo que hace, solo (también) por hablar acerca de algo... aunque una vez que la conversación se inicia, puede que alguien se entusiasme hablando mucho sobre su trabajo, sus estudios actuales, lo que hace y lo que pretende hacer. Todo es entusiasmo, todo es positivismo. No importa que Fulano no haga nada bueno por la vida, lo importante es hablar de lo que le gustaría hacer, aunque sea mentira. Lo importante es hacer que suene importante, para que parezca que se es un aporte al mundo. Lo importante es nunca quedar mal. Lo importante es responder "ah, qué bueno", aunque no te parezca que eso es así. "Que no se te note" debiera ser la frase en el escudo nacional.

¿De qué hablo? Bueno... entre otras cosas, de esto:

Metro Alcántara, salida norte, un día cualquiera de 2011. Rubia chilensis (o sea, no tan rubia) se encuentra con rubio chilensis (que es menos rubio aún), y dialogan por unos diez segundos.
— ¡[Nombre de varón]!
— ¡Hola! ¿Cómo estái? Tanto tiempo... (la verdad es que no se veía muy alegre el cabro)
— Sí, po', harto tiempo... Yo bien, ¿cómo hai esta'o?
— Yo, bien pues. ¿Qué ha sido de ti?
— Yo terminé derecho y ahora estoy en [nombre de empresa/estudio], haciendo [cualquier cosa] (lo importante es el tono con que se dice, pa que suene importante, valga mi redundancia)
— Ah, que buena.
— ¿Y tú qué estái haciendo?
— Yo... me salí de bioquímica y... ahora soy orfebre. (Su tono es sincero, pero le falta la positividad exagerada de rigor).
(cara de sorpresa / qué se hace en estos casos) ...
— Sí...

Y la conversación siguió por unos segundos más, pero no me quedé a escuchar... yo iba camino a... no me acuerdo dónde. Dentista, tal vez.

Pero creo que ya se entendió la idea... y —más precisamente— se entendió lo que no me gusta.


Problemas para dormir hace algunos días. Psiquiatra perdido. Melatonina...

20121124

Miedo a la gente

Últimamente tengo miedo... de esos miedos que sabes que no debieras tener, de esos miedos que sabes que pueden ser nada. Tal vez no tan 'nada' como el miedo a que se caiga el avión, pero mucho más que el miedo a que te roben/choquen el auto prestado que tuviste que dejar estacionado en plena calle porque no quedaba de otra.

Y para qué explico más si el título ya lo puse: le tengo miedo a la gente.

Arrogancia, prepotencia, violencia y demases faltas de respeto siempre han existido. Hoy siento que se han multiplicado. Si hasta Sergio anda por la vida pensando en cómo desquitarse con el siguiente conductor que le toca nerviosa y odiosamente la bocina a todo el mundo (caso en que no sé a quién le tengo más miedo... si en el fondo la conducta es la misma).

¿De dónde sale tanta ira? Ni idea. En realidad parece que todos necesitan desquitarse con algo o con alguien, y culpar al sistema. Sistema que poco se entiende... ni siquiera estoy segura de que haya realmente un gran sistema o ente que sea la causa de todos los males que la gente necesita descargar. La cosa o el punto es que 'el sistema' no es el objeto del desquite, sino las personas. Eso de creer que desquitándose con la telefonista es atacar a ese sistema (o en este caso a la empresa que funciona mal) es ser iluso.

El asunto seguirá cuando la telefonista ofuscada por el maltrato recibido por el cliente X, ande de mal humor y se decargue con otra persona... probablemente otro cliente, porque —seamos sinceros— no importa que ese otro cliente no le haya hecho nada malo, al final del día todos los clientes caen en el mismo saco como genéricos (commodities) de lo que sea.

Y así, clientes más enojados porque no los trataron bien. Personas que ahora necesitan descargar la ira en otra parte. Digamos otra vez las cosas como son: nadie se da vuelta a increpar al que le hizo enojar. Lo normal es buscar el desquite o contra un inocente, o contra un culpable de cualquier otra cosa. Y vamos multiplicando, como en "Cadena de Favores". Ahora sumémosle a la historia todas las empresas que funcionan mal, y en el resultado parcial ya tenemos a la mitad del país bien irritada.

Como la gente enojada tiende a ser o volverse desesperadamente violenta, "el sistema" decide que hay que tratarlos mal a todos por igual. Casi como delincuentes: Prohíbanles todo, oblíguenlos a  hacer sólo eso, a comprar sólo eso otro, a no transitar por ahí... sólo hay derecho a hacer lo que se ha establecido incluso fuera de la Ley, sin mucho sentido más allá de la represalia ciega. Y como en un flexágono, las cosas vuelven a mostrar su cara una y otra vez, desde un punto de vista y desde otro aparentemente igual... siempre las caras ocultas vuelven a salir.

Terminamos con un mundo enojado. Todos contra un sistema del que dicen no formar parte, pero conforman un sistema complementario igual de malo, o peor: un sistema de gente mala sin siquiera querer serlo y sin hacer nada por salir de ahí, porque no tienen idea de que están ahí.

Y yo... haciendo esfuerzos por saludar al chófer de la micro, dar las gracias, no desquitarme con los telefonistas que nunca han tenido culpa de nada... haciendo esfuerzos para que el mundo funcione bien, tengo terror de encontrarme con esos que hacen las cosas mal, que se van a desquitar conmigo de la peor manera posible, por algo que ni les he hecho ni les haré... que se van a descargar conmigo por algo que no he pensado... que van a odiarme porque tienen ganas de odiar a alguien... ¿Quién me va a defender de la gente?


Menstruación, día uno. Sï puede ser que ande más sensible de lo habitual. Incluso (otra vez) quiero ser tonta y feliz)