20100506

Quiero un masaje

Sí, no es chiste. Quiero un masaje. Hoy salí del cuarto de baño, estornudé justo cuando mi cuerpo resentía el cambio de temperatura entre la vaporera en que se transformó el baño, y el refrigerador que parecía ser el resto de la casa. Y el estornudo fuerte-fuerte, me dejó doblada... con una exquisita contracción en el tercio superior de la espalda. Doce horas después del estornudo, me sigue doliendo. Recién se me ocurrió tomar un analgésico. También olvidé mis medicinas habituales. Cuento aparte es que mientras me duchaba se cortó la luz. Precavida yo, sabiendo que desde la noche anterior que la electricidad venía con poco power, dejé cerca una linterna encendida.

Con pololo hemos conversado bastante últimamente. Hay cosas en las cuales no coincidimos, ni nos entendemos. Y no hay cómo entendernos... ni aceptarnos de corazón y buena gana. Le pedí que me acompañara al "psikiatraka", a ver si alguien nos podía ayudar a traducir las cosas que piensa cada uno. Fracaso uno: no lo entiendo mucho mejor que antes (y mucho peor tampoco). Fracaso dos: él salió de la consulta como si nada. Nada.

Admito que pienso mucho, y que lo paso mejor pensando que no-pensando. Y siento que una sesión fue productiva cuando salgo de ahí... pensando. A veces me distraigo un poco, como tomando un momento de recreo antes de seguir pensando; normalmente llamo a Sergio y le pregunto cómo ha estado su mañana. Pero inevitablemente, el recreo acaba, y yo vuelvo a pensar. Así es que no me agrada mucho hacer el esfuerzo de buscar orientación (y pagar por ella), y que mi acompañante haya salido de ahí como si nada hubiera pasado. Cero crítica. No dijo "tiene razón", no dijo "no me gustó", no dijo "no me parece". Tampoco creo que él me entienda un poco más a mí.

Finalmente, le recomiendan darme un poco de espacio, hacer un esfuerzo para no girar tan cerca (y constantemente) de mí. Pero -conociéndolo- parece que es una ofensa pedirle eso. Y bueno, si el esfuerzo no funciona, le recomiendan ir a ver un psicólogo; "eres más ansioso de lo que crees", le dijeron. Y se defendió: él no cree necesitar un psicólogo; sabe que los alcohólicos no creen ser alcohólicos, pero él dice no ser así; él dice que sabe que no necesita un psicólogo.

Mientras caminábamos por el centro, tratamos de conversar algo. Quise saber qué pensaba, qué opinaba... pero nada. Le di opciones, y dijo que si, "de todo eso, un poco".

A esta hora, no sé qué me moleste más: tener un pololo que me necesita demasiado, o tener por pololo a alguien que no tiene interés en conocerse y entenderse a sí mismo. Y cada cosa me molesta un poco más cuando tomo en cuenta ese detalle... lo quiero muchísimo.


Quetiapina... otra vez.

20100415

Cosas

Anteayer arreglé las bisagras de mi laptop... es que estaban sueltas. Desde el resfrío que me molestaba que la pantalla del compu se moviera tanto: cada vez que tosía, creía que hacía cóctel de pantalla. En youtube no encontré nada que me ayudara mucho, pero en hp.com encontré las instrucciones oficiales para desarmar un Presario serie v3000 (oh! como el que tengo!!), y... manos a la obra!!! Quitar tornillos, clasificarlos por tamaño, desenchufar las antenas de la tarjeta (wireless), quitar el teclado, desenchufarlo, desconectar micrófono y no me acuerdo qué más, para por fin sacar el "monitor", quitarle su marco y por fiiiin!! llegar a las bisagras. Qué suerte! No estaban rotas, sólo sueltas. Las atornillo bien, y proceso inverso. En realidad las instrucciones no eran del todo precisas, pero todos los dibujos se correspondían con lo que mis ojos observaban. Sergio desatornillaba... pero curiosamente los tormillos que parecían pegados los quité yo, con fuerza, pero no de bruta. Mis hermanas se asustaron, mis primas también: creyeron que mi compu no prendería nunca más, pero aquí está: prende la pantalla, windows OK, se conecta a internet inalámbrico, funciona todo lo que desenchufé... aunque aún no pruebo los micrófonos, pero hasta el momento funciona como siempre. Ahora tengo ganas de abrir el compu de mi prima... que sólo es más viejo que el mío; hace años que no prende, así es que difícilmente quedará más inutilizable, no?? Creo que mis ganas de aprender mecánica de autos se pueden quedar tranquilas por un buen rato... mientras me entretengo desarmando laptops :D

Mis dientes tienen juguete nuevo... Más bien dicho, mi boca tiene juguete nuevo (que juega con mis dientes): un lindo set de brackets con sus respectivos agarres varios. Llevo más de 30 horas con ellos y ni pan de molde puedo comer sin que me duela. Mi hermana dice que a ella le dolía hasta la nariz. Supongo que aún estoy dentro de lo normal entonces. Mi cabecita ya está planeando menú de niña sin dientes (dientes presentes y no disponibles). El menú solía consistir en puré con huevo frito y ensalada de tomates, pero nunca tuve que comer eso por más de un día, hasta hoy. Ahora recuerdo mejor que nunca que toda carne sobre-sobrecocida se vuelve muy blanda, y no hay necesidad de usar cuchillo. Recuerdo que aún puedo comer humitas, y hasta una especie de papilla de arroz que mi mamá nos hacía cuando bebés... Obviamente yo no me acuerdo de que me dieran eso a mí, pero sí me acuerdo de que cada vez que se lo preparaban a alguna de mis hermanas, era preciso cocinar un poco más; si tengo en mente las proporciones, la verdad es que yo me comía el 70% del total, así es que no sé qué es más correcto: decir que ese poco más era para la bebé de turno, o decir que había que cocinar mucho más porque yo adoraba esa comida para bebés. Creo que le pediré a mi mamá un poco de comida para bebés :D

El pastel de choclo también puede ser buena opción, y hay que recordar que se puede hacer puré con toda leguminosa. Oh! el arroz glutinoso... Pensándolo de nuevo, en realidad es posible cambiarle la textura a todo lo que se come, para evitar masticarlo, y manteniendo el sabor de las cosas. Ah... las hortalizas crudas pueden ser un problema... ¿Dónde estaría la gracia de una ensalada de lechuga si la licúo? Pero bueno, pierde parte de su gracia, pero no pierde el sabor. Para transformar golosinas crocantes en cosas no masticables habrá que pedirle ayuda a Adrià, porque a mí -que conozco el Boragó sólo por fuera- no se me ocurre. En todo caso, hoy comí Gatolates, que se disuelven facilito en la boca. Los pasteles de bizcocho tampoco causan problemas... siempre que el bizcocho sea decente, y no esos queques más duros que el pan de hace tres días, que se hacen pasar por bizcocho porque van cubiertos con crema y rellenos de mermelada. En todo caso, todavía existen cuchillos y tenedores, para ayudarme a no morder más de lo necesario. Quiero aprender a hacer masa phyllo... no tiene nada que ver con mis dientes, pero tengo ganas de ver cómo se hace esa masa; sé que es tan difícil que preferiré no hacerla (casi) nunca, pero quiero saber cómo se hace. Ya sé los ingredientes; lo que no sé es cómo hacer que quede taaaaaaaan delgada. Sueño con hacer un baklava gigante...

Ayer compré otro libro de Amy Tan. Ídola ella... me encanta. Es gringa, tiene más de 50 años, es descendiente de inmigrantes chinos (del norte)... y en sus libros siempre aparecen cosas que no sólo he observado en persona, sino que he sentido. Creo que en el mundo existe alguien que se parece a mí en algo importante: en sentir la diferencia entre dos mundos... y... en tener una relación no muy normal con nuestras respectivas madres. Cuando la leo me siento comprendida, aunque ella ni sepa que existo; no me siento identificada con la ficción, sino con sus observaciones sobre lo que dicen o hacen los chinos... puedo decir que comprendo muy bien esos guiños de realidad que para otros sólo son parte de una narración.



Mi hermana tiene una linda colección de libros lindos... que podrían caer en la sección de autoayuda. Pero son liiindos...

(página X)
¿Cuál es el
primer día del año?

(página X+1)
El día de hoy.


...en Preguntario, de Jairo Aníbal Niño.

20100410

La sensación de estar viva

Yap. Ahora, con un paper revisado y la tos pasando (aunque sigo sintiendo mis calugas abdominales), vengo a escribir de verdad. Hmmm... ni que antes hubiese escrito de mentira. Bueno, los posteos de resfriada no valen mucho si no se dan vueltas y vueltas, como las cosas en mi cabeza. Y lo que ha dado vueltas hoy, es la sensación de estar viva.

Wow... hasta yo me sorprendo con ese título tan profundo. Y me sorprendo más al recordar cuándo le puse ese nombre. ¿Y qué diablos es esa sensación? Bueno, es de las cosas que la Sofi diría que se sienten rarito: es algo que aparecía cuando me ponía a pensar en que los seres se mueren, el Universo es re-grande, la Tierra que es chica en el Universo me parece grande (y por ende es probable que cada uno de nosotros sea más insignificante que hormiga al lado de un mamut), y las cosas, los objetos, el resto de las personas, me parecían todos extraños... algo entre Matrix, el genio maligno de Descartes y todo eso de que la realidad no existe... sentía cierta inquietud ante la posibilidad de que todo lo que me rodeaba no existiera... sentía que el mundo giraba a mi alrededor -literalmente, sin profesar egolatría-, y al mismo tiempo, la sensación de que todo el mundo era algo completamente ajeno se multiplicaba en forma exponencial... en menos de un segundo. Luego, por unos cuantos segundos más, sentía angustia, miedo, mareo, un vacío terrorífico por dentro y una distancia enorme entre el mundo y yo... todo al mismo tiempo. Para aliviar el susto, me concentraba en distraerme con la realidad (¿supuesta?) y pensar en otras cosas tan banales como "¿Se dice banana o plátano?"

No digamos que fuera algo muy frecuente, pero ocurría más que un par de veces al año. Tampoco pasó mucho tiempo para que le pusiera nombre a ese terror que me atacaba por un ratito: era la sensación de estar viva. Y yo... esteee... yo tenía como ocho años no más. ¿¡Qué diablos tenía en la cabeza!? Sea lo que haya sido, tengo la sensación de que sigue ahí, de cierta forma.

Recuerdo haber tratado de explicarle esa sensación a mi yunta del colegio... pero no me entendió ni jota... era como si le hablara en chino (o sea, que yo sí tenía alguna remota idea de lo que estaba tratando de decir, pero ella no).

Sí, cabe la posibilidad de que esté loca. Pero curiosamente estoy más preocupada de no sentir esa sensación rarífica hace un bueeen rato. No es exactamente que no la sienta, sino que parece estar presente todo el tiempo, pero en una forma disminuida... como al 2%. Vivo cada día lejos de lo que me rodea, sintiendo el sinsentido de estar en el mundo, sobreviviendo por si acaso y porque puedo.

¿En cuántas formas viene la locura? También cabe la posibilidad de que yo no esté loca, y -mejor aún- de que otras personas en el mundo se hayan sentido así alguna vez. Pero no lo sé. Siento que estoy en el cuento del elefante encadenado.


Alguien dejó un comentario por aquí: dice que mis escritos son terapia autoinducida. Aún no sé qué quiso decir.