Si pudiera hacer un mini resumen de mi vida, habría que decir que no puedo contar que me siento mal sin que se enojen conmigo. Incluso en Twitter me han dicho "mátate". Y así esperan que se pueda vivir.
No sé si dejar cartas o no.
20150322
Más, más, más...
— Estoy cansada.
— Yo más, porque (...)
— Estoy aburrida.
— ¡¿Pero por qué?! ¡Si hay tanto qué hacer! / Ordena, limpia, lava.
— Me siento mal.
— Uh, yo me siento peor, llevo días con (...) / Toma un remedio (cualquiera, lo importante es que dejes de quejarte)
Si me dicen que en todo caso están más mal que yo, ¿cómo pueden seguir vivos?
Si cada comentario mío solo sirve para iniciar un monólogo que desprecia mi sentir, mejor me quedo callada y me preparo para partir.
— Yo más, porque (...)
— Estoy aburrida.
— ¡¿Pero por qué?! ¡Si hay tanto qué hacer! / Ordena, limpia, lava.
— Me siento mal.
— Uh, yo me siento peor, llevo días con (...) / Toma un remedio (cualquiera, lo importante es que dejes de quejarte)
Si me dicen que en todo caso están más mal que yo, ¿cómo pueden seguir vivos?
Si cada comentario mío solo sirve para iniciar un monólogo que desprecia mi sentir, mejor me quedo callada y me preparo para partir.
20140823
Érase una vez: Yo+Ritalín
Bah. Me había olvidado de que tenía blog.
OK, eso es mentira. No he olvidado que tengo blog. Sí se me olvidó que tenía pensada una serie de posts sobre ciertas faunas humanas (y léase "faunas" —en plural— como cuando se lee "gentes"), y que debería continuar la serie. Y esto del olvido parece ser reinteresante para iniciar esta entrada en que ¡por supuesto! no estoy muy segura de lo que voy a narrar, pero sí sé sobre qué tema será. Y aún no se me ocurre un título original para ello, pq la wá es demasiado obvia.
Acabo de leer un post sobre diagnóstico de trastorno de déficit atencional en adultos. Un post de divulgación, no más, pero bueno... fue lo que gatilló mis recuerdos. Mis recuerdos de adulta (como se dice coloquialmente: "en teoría") recibiendo su primera medicación "infantil".
Uno de los síntomas del trastorno depresivo, es la falta de concentración... con algunos problemas de menoria. No es que toda la gente con depresión tenga problemas de atención, pero sí los hay, y no somos pocos. Yo he tenido problemas de concentración toda la vida, pero en mis temporadas con depresión mayor, la falta de concentración ha sido im-pre-sio-nan-te. La primera vez, iba a clases, entendía todo perfecto, salía de la clase... y se me revolvían las cosas. Ya no sabía si había entendido todo, y de un segundo a otro, ni siquiera estaba segura de haber puesto atención toda la clase. Solo me quedaba una sensación perdida de que había estado allí, y que había entendido todo, pero en cuanto a conocimiento nuevo... sentía un vació entre mis oídos. Me habían recetado un medicamento para la concentración, pero yo me sentía igual. Por fortuna, sobreviví a todo esto. Calificaciones no-bellas, pero todos los cursos del semestre aprobados... menos uno. Bueno, nada que no le haya pasado a nadie.
La segunda vez, ya había terminado la universidad, solo faltaba la tesis para el título profesional. Tenía problemas para concentrarme, tenía problemas para recordar los artículos que había leído, necesitaba hacer resúmenes de todos ellos para leerlos y releerlos sin tener que analizar todo texto como si fuera nuevo. Tenía serios problemas para funcionar. El procesador de mi cerebro funcionaba rebién, pero las memorias fallaban estrepitosamente. La sensación es la de estar haciendo algo, y pensar constantemente en el sentido de lo que se realiza... sin tener respuesta, y eso te deja sin hacer nada, una y otra vez.
También recuerdo que olvidaba instrucciones sencillas: cosas que me pedían que hiciera, y que yo no hacía porque olvidaba la instrucción que además negaba honestamente haber recibido. O recordaba el encargo, no lo realizaba, pero estaba segura de haberlo hecho. O hacía cosas, que después negaba —siempre sinceramente— haber hecho. Horrible. ¡Incluso me daban ganas de empezar a creer en duendes!
Por supuesto, estas cosas se conversan tarde o temprano con el psiquiatra, y pasado un tiempo, se empieza a notar cuánto molestan y cuán mal se está funcionando a pesar de todas las creativas técnias ayudamemoria que se puedan probar o inventar (y probar). Entonces, después de descubrir que mi atención y concentración nunca fueron suficientemente normales, y asumir que ya se aleja con ganas de la normalidad, llega el momento de pedirle ayuda a las moléculas. ¿Mentix? No. Ya lo había probado en el pasado, sin cambios notables (el curso reprobado es prueba). Ni subiendo la dosis al doble, como sugirió una amiga que en ese momento era vendedora en una farmacia (anécdota que también se comenta con el doctor). "Puchas, te voy a tener que recetar anfetaminas", dijo finalmente mi psiquiatra... y así me gané una receta especial pa comprar Ritalín.
¿Feliz? No. No soy activista-naturalista-antiquímica, pero no me gusta tomar medicamentos. Me desagrada a tal punto, que normalmente olvidaba mis antidepresivos y necesitaba siempre de un recordatorio para tomarlos. Y eso también lo sabía mi doctor, quien me respondía "bueno, no es normal tomar medicamentos", y es cierto. Uno los toma porque los necesita, y la necesidad de recreación no cuenta en este caso.
Me recetaron Ritalín, y me sentía como un bicho raro. Es reparecido a cuando me diagnosticaron depresión. Me di cuenta de muchas cosas, y me sentía mal de no darme cuenta antes. Uno va por la vida sin saber que tiene algo. Hay gente que siempre ha tenido problemas para ver, y no los nota hasta que alguien le presta los anteojos correctos. Así es.
Lo que hice luego, fue contarle a un amigo. No a cualquier amigo: uno que tiene 3 de 4 hermanos con déficit atencional. Uno que tiene déficit atencional igual que sus hermanos. Uno al que diagnosticaron ya mayorcito, cuando llevaba unos pocos años de estudio universitario. Me llamó por teléfono, y me convenció de que yo no era extraterrestre. Me dijo que la gente no suele hablar de estas cosas, pero que son mucho más habituales de lo que se cree. "Igual que la depresión", pensé.
A veces, me tocaba ir al médico (aparte del psiquiatra), o conversar con amigas psicólogas, o con amigos cualquiera, y al recitar los medicamentos que estaba tomando, más de alguno respondió: "¿Ritalín? ¡pero si eso es pa' los niños!", o bien "pero... oye... si tienes depresión, y el Ritalín te calma... ¿no quedas peor? Y vi que era cierto: el déficit de atención sufre de déficit de entendimiento, como el trastorno depresivo. Nadie entiende en realidad, todos creen mitos... excepto quienes fuimos azarosamente seleccionados por la vida para padecer la versión real de estas cosas, y no la versión que el trabajador estresado le cuenta al doctor para que le regale unos días de vacaciones con sueldo. La molécula esta, es para personas con déficit de atención, niños o adultos; ayuda a no desconcentrarse, que no es lo mismo que calmarse y quedarse quieto o dormido.
La molécula me sirve a mí, y a gente parecida a mí. Y lo digo yo, que —siempre escéptica— soy remala pa'l efecto placebo.
No soy una resentida antidivas: sí continuaré con la fauna del casting.
Cuando vuelva a tener ganas de escribir.
OK, eso es mentira. No he olvidado que tengo blog. Sí se me olvidó que tenía pensada una serie de posts sobre ciertas faunas humanas (y léase "faunas" —en plural— como cuando se lee "gentes"), y que debería continuar la serie. Y esto del olvido parece ser reinteresante para iniciar esta entrada en que ¡por supuesto! no estoy muy segura de lo que voy a narrar, pero sí sé sobre qué tema será. Y aún no se me ocurre un título original para ello, pq la wá es demasiado obvia.
Acabo de leer un post sobre diagnóstico de trastorno de déficit atencional en adultos. Un post de divulgación, no más, pero bueno... fue lo que gatilló mis recuerdos. Mis recuerdos de adulta (como se dice coloquialmente: "en teoría") recibiendo su primera medicación "infantil".
Uno de los síntomas del trastorno depresivo, es la falta de concentración... con algunos problemas de menoria. No es que toda la gente con depresión tenga problemas de atención, pero sí los hay, y no somos pocos. Yo he tenido problemas de concentración toda la vida, pero en mis temporadas con depresión mayor, la falta de concentración ha sido im-pre-sio-nan-te. La primera vez, iba a clases, entendía todo perfecto, salía de la clase... y se me revolvían las cosas. Ya no sabía si había entendido todo, y de un segundo a otro, ni siquiera estaba segura de haber puesto atención toda la clase. Solo me quedaba una sensación perdida de que había estado allí, y que había entendido todo, pero en cuanto a conocimiento nuevo... sentía un vació entre mis oídos. Me habían recetado un medicamento para la concentración, pero yo me sentía igual. Por fortuna, sobreviví a todo esto. Calificaciones no-bellas, pero todos los cursos del semestre aprobados... menos uno. Bueno, nada que no le haya pasado a nadie.
La segunda vez, ya había terminado la universidad, solo faltaba la tesis para el título profesional. Tenía problemas para concentrarme, tenía problemas para recordar los artículos que había leído, necesitaba hacer resúmenes de todos ellos para leerlos y releerlos sin tener que analizar todo texto como si fuera nuevo. Tenía serios problemas para funcionar. El procesador de mi cerebro funcionaba rebién, pero las memorias fallaban estrepitosamente. La sensación es la de estar haciendo algo, y pensar constantemente en el sentido de lo que se realiza... sin tener respuesta, y eso te deja sin hacer nada, una y otra vez.
También recuerdo que olvidaba instrucciones sencillas: cosas que me pedían que hiciera, y que yo no hacía porque olvidaba la instrucción que además negaba honestamente haber recibido. O recordaba el encargo, no lo realizaba, pero estaba segura de haberlo hecho. O hacía cosas, que después negaba —siempre sinceramente— haber hecho. Horrible. ¡Incluso me daban ganas de empezar a creer en duendes!
Por supuesto, estas cosas se conversan tarde o temprano con el psiquiatra, y pasado un tiempo, se empieza a notar cuánto molestan y cuán mal se está funcionando a pesar de todas las creativas técnias ayudamemoria que se puedan probar o inventar (y probar). Entonces, después de descubrir que mi atención y concentración nunca fueron suficientemente normales, y asumir que ya se aleja con ganas de la normalidad, llega el momento de pedirle ayuda a las moléculas. ¿Mentix? No. Ya lo había probado en el pasado, sin cambios notables (el curso reprobado es prueba). Ni subiendo la dosis al doble, como sugirió una amiga que en ese momento era vendedora en una farmacia (anécdota que también se comenta con el doctor). "Puchas, te voy a tener que recetar anfetaminas", dijo finalmente mi psiquiatra... y así me gané una receta especial pa comprar Ritalín.
¿Feliz? No. No soy activista-naturalista-antiquímica, pero no me gusta tomar medicamentos. Me desagrada a tal punto, que normalmente olvidaba mis antidepresivos y necesitaba siempre de un recordatorio para tomarlos. Y eso también lo sabía mi doctor, quien me respondía "bueno, no es normal tomar medicamentos", y es cierto. Uno los toma porque los necesita, y la necesidad de recreación no cuenta en este caso.
Me recetaron Ritalín, y me sentía como un bicho raro. Es reparecido a cuando me diagnosticaron depresión. Me di cuenta de muchas cosas, y me sentía mal de no darme cuenta antes. Uno va por la vida sin saber que tiene algo. Hay gente que siempre ha tenido problemas para ver, y no los nota hasta que alguien le presta los anteojos correctos. Así es.
Lo que hice luego, fue contarle a un amigo. No a cualquier amigo: uno que tiene 3 de 4 hermanos con déficit atencional. Uno que tiene déficit atencional igual que sus hermanos. Uno al que diagnosticaron ya mayorcito, cuando llevaba unos pocos años de estudio universitario. Me llamó por teléfono, y me convenció de que yo no era extraterrestre. Me dijo que la gente no suele hablar de estas cosas, pero que son mucho más habituales de lo que se cree. "Igual que la depresión", pensé.
A veces, me tocaba ir al médico (aparte del psiquiatra), o conversar con amigas psicólogas, o con amigos cualquiera, y al recitar los medicamentos que estaba tomando, más de alguno respondió: "¿Ritalín? ¡pero si eso es pa' los niños!", o bien "pero... oye... si tienes depresión, y el Ritalín te calma... ¿no quedas peor? Y vi que era cierto: el déficit de atención sufre de déficit de entendimiento, como el trastorno depresivo. Nadie entiende en realidad, todos creen mitos... excepto quienes fuimos azarosamente seleccionados por la vida para padecer la versión real de estas cosas, y no la versión que el trabajador estresado le cuenta al doctor para que le regale unos días de vacaciones con sueldo. La molécula esta, es para personas con déficit de atención, niños o adultos; ayuda a no desconcentrarse, que no es lo mismo que calmarse y quedarse quieto o dormido.
La molécula me sirve a mí, y a gente parecida a mí. Y lo digo yo, que —siempre escéptica— soy remala pa'l efecto placebo.
No soy una resentida antidivas: sí continuaré con la fauna del casting.
Cuando vuelva a tener ganas de escribir.
20131204
Castings: la fauna humana
Aproximadamente una vez al mes, recibo un llamado telefónico de una
señora que tiene una agencia de "modelos". Lo pongo así entre comillas
porque poco tiene que ver con personas altas y flacas arriba de una
pasarela. Tiene que ver con comerciales, personajes y extras: es un
híbrido entre la actuación y el modelaje. Póngale el nombre rimbombante
que se le antoje: actores y modelos para cine publicitario es como le dicen más seguido, personajes para cortometraje publicitario es como le llamaría yo.
Puede intuir usted que la llamada tiene como objeto que yo vaya y participe de un casting para buscar caras que participen en una nueva y mágica miniproducción que tiene el propósito de ayudar a vender un producto o servicio. Y si me conoce usted, sabrá que casi nunca tengo ganas de ir. Aunque la recompensa es grande, cuando no se vive de esto, la comodidad está primero. En mi sano juicio no cabe la posibilidad de tener que perder una, dos... hasta ¡cuatro! horas haciendo una fila para pararse frente a una cámara de vídeo, sonreir, ponerse de perfil, mirar a la cámara y sonreir nuevamente, y volver a hacerlo exhibiendo el otro perfil. En ocasiones también hay que hablar, o actuar cortito... o bailar. Rara vez se tarda más de tres minutos. ¿Qué tal? Dos horas de espera para sacarse una foto frente a una cámara de vídeo por dos minutos, y súmele el tiempo y dinero del traslado. Quedar preseleccionado significará ir a otro casting, pero esta vez pagan 10 lucas por ir.
Para que no me tachen de alharaca, declaro que también se puede tener suerte y llegar a un casting, que esté vacío, y tardar 5 o 10 minutos en el proceso completo, espera incluida. Suele ser en febrero.
Pero volvamos a lo normal: la espera larga y tediosa. Toda agencia de casting tiene un área destinada a la gente que espera su turno, tal como ocurre en los centros médicos y demases servicios de atención de público. Claro que en esta área solo caben unas 10 personas, y estamos hablando de esperar a 20, 30, 50 (o más) personas que pasen antes que uno. Así es que se van colonizando pasillos de edificios, antejardines de casa-oficinas, veredas y/o veredones con gente que espera.
Hay (mucha) gente que va al médico y en la sala de espera tiene cara de padecimiento máximo, incluso cuando son víctimas de un hongo que recién empieza a carcomer una uña, o cuando solo van por un control de algo que en realidad ya está controlado (o sea, bien).Otros Otras tienen la necesidad de llamar por teléfono a alguien y contar que están en el médico, con lujo de detalles y siempre en tono de cosa grave. Pues bien, la sala de espera del casting también tiene sus personajes, y yo, fijona de nacimiento, los he notado.
Tengo que partir por describir a las me-creo-diva (o pseudodivas, palabra que me es más fácil tipear), reinas de todo casting (de sus salas de espera, en rigor), no hay casting sin que aparezcan ellas, de hecho, viven de esto. Modelos, rubias aunque sea por teñido porque, si no se va a ambientar el comercial en Oriente o en una tribu, siempre se necesitan rubias; siempre van bien arregladas sin que el maquillaje se note demasiado, envidiablemente regias, pero es raro que sean envidiablemente altas, suelen ser de estatura un poquito por sobre el promedio no más. ¿Cómo sé que viven de esto? Fácil: siempre están hablando. Hablan del otro casting (o callback, o grabación) al que tienen que llegar, incluso se puede conocer su agenda de la semana porque de una u otra forma termina recitándola en voz alta y siempre se repiten las tres palabras: casting, callback, grabación. Agregue una cuarta palabra: tengo (porque a las tres palabras anteriores, ellas tienen que ir, tienen que llegar a la hora tal, etc.) Incluso la forma que tienen para saludar da un indicio de quiénes son: ellas siempre saludan al personal (recepcionista, asistente, camarógrafo) cuando llegan, de una forma tal que por un segundo te hace creer que son amigos de toda la vida, hiper-happy. Luego te das cuenta de que hay veces en que es cierto que se acuerdan de él/ella, pero nunca han sido tan amiguis, y te das cuenta también de que muchas veces sólo se dan saludos-respuesta igual de amorosos para ser equitativos y no hacerles sentir mal.
Las pseudodivas casi nunca llegan solas, por eso hablan mucho, pero hablan demasiado fuerte; se supone que hablan entre ellas, pero se les nota que quieren que los demás sepan que ellas son mejores, porque saludan al personal como si fueran amiguis, porque tienen más experiencia, porque tienen más contratos, porque están vigentes... es su intento por marcar territorio. Ni siquiera miran mucho a los demás, solo ellas son importantes. Si ven que hay demasiada gente, se molestan, y por supuesto, se quejan a viva voz (que nunca lleguen solas no significa que lleguen todas en grupo de divitas, puede ser una amiga no más que no tiene idea de estas cosas), y si terminaron de quejarse, toman el teléfono, llaman a alguien y se quejan de nuevo. Y dentro de los "alguien" a quien llaman, se encuentra (¡pero claro!) su agente, quien probablemente no les dice mucho, porque solo se le ve cara de "OK+Decepción".
Como no toda la gente se dedica a hacer castings a diario por si acaso, suele ocurrir que algunos llegaron, se inscribieron y se tienen que ir antes de su turno de posar... pero pretenden volver más tarde cuando se desocupen de aquello más importante, y así se lo anuncian a las personas encargadas. Pero si hay una pseudodiva presente en el momento en que ese mortal vuelva a cobrar su lugar, habrá combo y patada... al aire. No se va a quejar formalmente, solo va a preguntar en su tono chillón: "¿Por qué "él/ella" entró antes si llegó recién?". Y la respuesta real no será satisfactoria para ella, y se dará vuelta y le dirá a su acompañante que eso no es justo, que si hay gente avisando que vuelve en cierto momento, entonces ella puede decirle a <inserte nombre de pila del agente> que llame antes para que cuando ella llegue la hagan pasar de inmediato. No contenta con decirlo una vez, dará una vuelta verbal para empezar a repetir lo mismo un par de veces más, y cuando se dé cuenta de que está puro hablando, tomará el teléfono para decirle a su agente que busque la forma de hacerla pasar antes. Y por desgracia, hay varias veces en que funciona, y la sonrisa de triunfo superior cuando sale del casting mismo, es imborrable.
Por fortuna, el salto en la fila no es existoso siempre, y ahí se quedan las pseudodivas quejándose de todo lo que se puedan quejar: el calor, la demora, el exceso de gente, el zapato lindo, feo, gastado, (in)cómodo, barato, etc., y por supuesto, vanagloriándose de toda experiencia pasada en comerciales de televisión. Aún así, lo simpaticonas a la hora de saludar al camarógrafo no se lo quita nadie.
(Esto se está haciendo más largo de lo que creí en un principio).
Puede intuir usted que la llamada tiene como objeto que yo vaya y participe de un casting para buscar caras que participen en una nueva y mágica miniproducción que tiene el propósito de ayudar a vender un producto o servicio. Y si me conoce usted, sabrá que casi nunca tengo ganas de ir. Aunque la recompensa es grande, cuando no se vive de esto, la comodidad está primero. En mi sano juicio no cabe la posibilidad de tener que perder una, dos... hasta ¡cuatro! horas haciendo una fila para pararse frente a una cámara de vídeo, sonreir, ponerse de perfil, mirar a la cámara y sonreir nuevamente, y volver a hacerlo exhibiendo el otro perfil. En ocasiones también hay que hablar, o actuar cortito... o bailar. Rara vez se tarda más de tres minutos. ¿Qué tal? Dos horas de espera para sacarse una foto frente a una cámara de vídeo por dos minutos, y súmele el tiempo y dinero del traslado. Quedar preseleccionado significará ir a otro casting, pero esta vez pagan 10 lucas por ir.
Para que no me tachen de alharaca, declaro que también se puede tener suerte y llegar a un casting, que esté vacío, y tardar 5 o 10 minutos en el proceso completo, espera incluida. Suele ser en febrero.
Pero volvamos a lo normal: la espera larga y tediosa. Toda agencia de casting tiene un área destinada a la gente que espera su turno, tal como ocurre en los centros médicos y demases servicios de atención de público. Claro que en esta área solo caben unas 10 personas, y estamos hablando de esperar a 20, 30, 50 (o más) personas que pasen antes que uno. Así es que se van colonizando pasillos de edificios, antejardines de casa-oficinas, veredas y/o veredones con gente que espera.
Hay (mucha) gente que va al médico y en la sala de espera tiene cara de padecimiento máximo, incluso cuando son víctimas de un hongo que recién empieza a carcomer una uña, o cuando solo van por un control de algo que en realidad ya está controlado (o sea, bien).
Tengo que partir por describir a las me-creo-diva (o pseudodivas, palabra que me es más fácil tipear), reinas de todo casting (de sus salas de espera, en rigor), no hay casting sin que aparezcan ellas, de hecho, viven de esto. Modelos, rubias aunque sea por teñido porque, si no se va a ambientar el comercial en Oriente o en una tribu, siempre se necesitan rubias; siempre van bien arregladas sin que el maquillaje se note demasiado, envidiablemente regias, pero es raro que sean envidiablemente altas, suelen ser de estatura un poquito por sobre el promedio no más. ¿Cómo sé que viven de esto? Fácil: siempre están hablando. Hablan del otro casting (o callback, o grabación) al que tienen que llegar, incluso se puede conocer su agenda de la semana porque de una u otra forma termina recitándola en voz alta y siempre se repiten las tres palabras: casting, callback, grabación. Agregue una cuarta palabra: tengo (porque a las tres palabras anteriores, ellas tienen que ir, tienen que llegar a la hora tal, etc.) Incluso la forma que tienen para saludar da un indicio de quiénes son: ellas siempre saludan al personal (recepcionista, asistente, camarógrafo) cuando llegan, de una forma tal que por un segundo te hace creer que son amigos de toda la vida, hiper-happy. Luego te das cuenta de que hay veces en que es cierto que se acuerdan de él/ella, pero nunca han sido tan amiguis, y te das cuenta también de que muchas veces sólo se dan saludos-respuesta igual de amorosos para ser equitativos y no hacerles sentir mal.
Las pseudodivas casi nunca llegan solas, por eso hablan mucho, pero hablan demasiado fuerte; se supone que hablan entre ellas, pero se les nota que quieren que los demás sepan que ellas son mejores, porque saludan al personal como si fueran amiguis, porque tienen más experiencia, porque tienen más contratos, porque están vigentes... es su intento por marcar territorio. Ni siquiera miran mucho a los demás, solo ellas son importantes. Si ven que hay demasiada gente, se molestan, y por supuesto, se quejan a viva voz (que nunca lleguen solas no significa que lleguen todas en grupo de divitas, puede ser una amiga no más que no tiene idea de estas cosas), y si terminaron de quejarse, toman el teléfono, llaman a alguien y se quejan de nuevo. Y dentro de los "alguien" a quien llaman, se encuentra (¡pero claro!) su agente, quien probablemente no les dice mucho, porque solo se le ve cara de "OK+Decepción".
Como no toda la gente se dedica a hacer castings a diario por si acaso, suele ocurrir que algunos llegaron, se inscribieron y se tienen que ir antes de su turno de posar... pero pretenden volver más tarde cuando se desocupen de aquello más importante, y así se lo anuncian a las personas encargadas. Pero si hay una pseudodiva presente en el momento en que ese mortal vuelva a cobrar su lugar, habrá combo y patada... al aire. No se va a quejar formalmente, solo va a preguntar en su tono chillón: "¿Por qué "él/ella" entró antes si llegó recién?". Y la respuesta real no será satisfactoria para ella, y se dará vuelta y le dirá a su acompañante que eso no es justo, que si hay gente avisando que vuelve en cierto momento, entonces ella puede decirle a <inserte nombre de pila del agente> que llame antes para que cuando ella llegue la hagan pasar de inmediato. No contenta con decirlo una vez, dará una vuelta verbal para empezar a repetir lo mismo un par de veces más, y cuando se dé cuenta de que está puro hablando, tomará el teléfono para decirle a su agente que busque la forma de hacerla pasar antes. Y por desgracia, hay varias veces en que funciona, y la sonrisa de triunfo superior cuando sale del casting mismo, es imborrable.
Por fortuna, el salto en la fila no es existoso siempre, y ahí se quedan las pseudodivas quejándose de todo lo que se puedan quejar: el calor, la demora, el exceso de gente, el zapato lindo, feo, gastado, (in)cómodo, barato, etc., y por supuesto, vanagloriándose de toda experiencia pasada en comerciales de televisión. Aún así, lo simpaticonas a la hora de saludar al camarógrafo no se lo quita nadie.
(Esto se está haciendo más largo de lo que creí en un principio).
Continuaré...
20131121
Miedo
A veces pienso en la muerte de un ser querido. Ninguno en particular. Supongo que es una mera extensión de lo que hago muchas veces sin intención alguna: soñar con muertos. Nadie quiere que en la vida ocurra eso, pero ocurre. ¿Qué es la vida sin la muerte? Y los que sobreviven, siguen, con una herida tremenda, pero siguen, cada uno a su manera.
Una vez me imaginé (no soñé) perdiendo repentinamente a mi novio, estando embarazada. ¿Qué haría yo en ese caso? No tengo idea. Sólo sabría llorar, ¿quién no?
Le acaba de pasar a alguien a quien conozco, y debe ser la viuda más fuerte que he visto.
Imaginación mía, a veces te odio.
Una vez me imaginé (no soñé) perdiendo repentinamente a mi novio, estando embarazada. ¿Qué haría yo en ese caso? No tengo idea. Sólo sabría llorar, ¿quién no?
Le acaba de pasar a alguien a quien conozco, y debe ser la viuda más fuerte que he visto.
Imaginación mía, a veces te odio.
20131014
Conversaciones ajenas 2
Un par de car'e cuicas (usted sabe que no me refiero necesariamente a una mujer probablemente rubia o de alto poder adquisitivo) caminando por calle Encomenderos:
—Súper trabajadora ella (incluya tono de comentario sincero).
—Sí... no sabís... Fíjate que una vez se puso a vender sándwiches de ave-palta, jamón queso... qué se yo; y ella cocía el pollo, ella lo picaba, y ella pelaba las paltas y las hacía puré, y armaba los sándwiches y...
—¡Uy! O sea que ella hacía...
—¡Todo eso!
Dah..! ¿Creía que los sándwiches crecen en las góndolas del supermercado acaso?
Y según el contador, esta tontera es mi post n° 100.
—Súper trabajadora ella (incluya tono de comentario sincero).
—Sí... no sabís... Fíjate que una vez se puso a vender sándwiches de ave-palta, jamón queso... qué se yo; y ella cocía el pollo, ella lo picaba, y ella pelaba las paltas y las hacía puré, y armaba los sándwiches y...
—¡Uy! O sea que ella hacía...
—¡Todo eso!
Dah..! ¿Creía que los sándwiches crecen en las góndolas del supermercado acaso?
Y según el contador, esta tontera es mi post n° 100.
20131002
Cosas que se quedan 'pegadas' en la cabeza
Cosas que se quedan pegadas en la cabeza: canciones que gustan, canciones que no gustan, encontrones, discusiones feas, robos, tragedias que plagan medios de comunicación, gente que se suicida... son cosas que pueden no dejarte dormir. Como a mí.
1° de octubre. 17 horas.
Llamada telefónica. "Se escucha mal" dice pololo, y lo mismo pienso yo. "Sal afuera, que no te escucho" (...) y cuento corto, resulta que me está esperando al frente. Sorpresa. Felicidad. Lo invito a tomar un café, y enfilamos al Costanera Center, solo por caminar un poco más. Quinto piso, McCafé. Latte decente, mas no espectacular. Pastel de manzana que se notaba descongelado. Cheese cake con arándanos grandes, no tan descongelado, y lleno de gelatina.
Hay tres personas que ocupaban la mesa alta de la entrada, seguro que trabajan en McD (uno lleva uniforme de jefe). Oigo gritos, insultos, parece que son contra uno de los tres. La chica contiene al insultado para evitar que responda. El insultador sube la voz... no sé cómo hicieron para que se alejara. Fui al baño. Volví. Me puse la chaqueta, nos fuimos.
Camino a la salida del mall, pasamos a mirar en un par de tiendas, nada en especial. Chucherías de cocina, bolsos... vamos bajando. ¿En qué piso estamos? Segundo. "Hummm... salgamos por la pasarela", dije. Nunca salgo hacia la pasarela, siempre por la entrada principal del primer piso. Camino a la pasarela, descubro que hay una tienda junto a H&M. Diálogo sobre la conveniencia de su ubicación: es la primera tienda que se ve desde esta entrada, pero no se ve cuando entras por otro lado y caminas por el mall. Miro el espacio-galería y su instalación de ¿peces? ¿aves? de colores fuertes.
Salimos por fin a la pasarela, caminamos, me fijo en las plantas de las jardineras, siento dos o tres cosas negras que caen por allá afuera (visión periférica, fuera de mis anteojos), y un fuerte suspiro-sorpresa (mala sorpresa). Veo a un tipo que lleva un par de cajas de cartón que caminaba alejándose del mall, deja las cajas en el suelo y se devuelve. Nos asomamos hacia la calle, estamos arriba, junto a la escalera que da a los cafés del primer piso. Hay una mujer en el suelo. Cabeza hacia el sur, boca arriba, ojos cerrados, pelo negro, suéter rojo, chaqueta corta y negra, pantalones negros ajustados, botas negras (¿o botines?). Inmóvil. Su brazo izquierdo doblado de tal forma que su mano queda junto a su cara, como apuntando a la sien con el dedo índice. Pasa un carabinero, ve que no responde. Se aleja. El tipo de las cajas vuelve a recoger sus cajas y se va. Una carabinera revisa los signos vitales de la mujer, y se vuelve (supongo que para pedir ambulancia). Carabineros empieza a formar un perímetro. Una chica rubia de abrigo claro se acerca a ofrecer ayuda, revisa signos vitales, decide iniciar RCP. Saca una bolsita plástica al tiempo que le explica a carabineros y se acerca un joven de negro a ayudar también. Ella cubre la cara de la mujer con la bolsa, preparándola; se pone de acuerdo con el joven: él hará las compresiones, ella la respiración. Inician compresiones... "Mi amor, ya vámonos, no hay nada que ver", le digo a pololo, y seguimos cruzando la famosa pasarela...
Insomne, leo las noticias: se llamaba Lorena Pérez, tenía 34 años y un hijo recién muerto en el Calvo Mackenna. Ella terminó de morirse en el Hospital del Salvador, porque el que está enfrente del mall no tiene para atender estas urgencias.
Yo sé que esto no se hace, pero no puedo evitar pensar que si hubiese salido del mall por donde siempre, ella habría caído frente a mí.
Y heme aquí, con el insomnio volviendo lentamente, excepto hoy, que me visita con ganas.
1° de octubre. 17 horas.
Llamada telefónica. "Se escucha mal" dice pololo, y lo mismo pienso yo. "Sal afuera, que no te escucho" (...) y cuento corto, resulta que me está esperando al frente. Sorpresa. Felicidad. Lo invito a tomar un café, y enfilamos al Costanera Center, solo por caminar un poco más. Quinto piso, McCafé. Latte decente, mas no espectacular. Pastel de manzana que se notaba descongelado. Cheese cake con arándanos grandes, no tan descongelado, y lleno de gelatina.
Hay tres personas que ocupaban la mesa alta de la entrada, seguro que trabajan en McD (uno lleva uniforme de jefe). Oigo gritos, insultos, parece que son contra uno de los tres. La chica contiene al insultado para evitar que responda. El insultador sube la voz... no sé cómo hicieron para que se alejara. Fui al baño. Volví. Me puse la chaqueta, nos fuimos.
Camino a la salida del mall, pasamos a mirar en un par de tiendas, nada en especial. Chucherías de cocina, bolsos... vamos bajando. ¿En qué piso estamos? Segundo. "Hummm... salgamos por la pasarela", dije. Nunca salgo hacia la pasarela, siempre por la entrada principal del primer piso. Camino a la pasarela, descubro que hay una tienda junto a H&M. Diálogo sobre la conveniencia de su ubicación: es la primera tienda que se ve desde esta entrada, pero no se ve cuando entras por otro lado y caminas por el mall. Miro el espacio-galería y su instalación de ¿peces? ¿aves? de colores fuertes.
Salimos por fin a la pasarela, caminamos, me fijo en las plantas de las jardineras, siento dos o tres cosas negras que caen por allá afuera (visión periférica, fuera de mis anteojos), y un fuerte suspiro-sorpresa (mala sorpresa). Veo a un tipo que lleva un par de cajas de cartón que caminaba alejándose del mall, deja las cajas en el suelo y se devuelve. Nos asomamos hacia la calle, estamos arriba, junto a la escalera que da a los cafés del primer piso. Hay una mujer en el suelo. Cabeza hacia el sur, boca arriba, ojos cerrados, pelo negro, suéter rojo, chaqueta corta y negra, pantalones negros ajustados, botas negras (¿o botines?). Inmóvil. Su brazo izquierdo doblado de tal forma que su mano queda junto a su cara, como apuntando a la sien con el dedo índice. Pasa un carabinero, ve que no responde. Se aleja. El tipo de las cajas vuelve a recoger sus cajas y se va. Una carabinera revisa los signos vitales de la mujer, y se vuelve (supongo que para pedir ambulancia). Carabineros empieza a formar un perímetro. Una chica rubia de abrigo claro se acerca a ofrecer ayuda, revisa signos vitales, decide iniciar RCP. Saca una bolsita plástica al tiempo que le explica a carabineros y se acerca un joven de negro a ayudar también. Ella cubre la cara de la mujer con la bolsa, preparándola; se pone de acuerdo con el joven: él hará las compresiones, ella la respiración. Inician compresiones... "Mi amor, ya vámonos, no hay nada que ver", le digo a pololo, y seguimos cruzando la famosa pasarela...
Insomne, leo las noticias: se llamaba Lorena Pérez, tenía 34 años y un hijo recién muerto en el Calvo Mackenna. Ella terminó de morirse en el Hospital del Salvador, porque el que está enfrente del mall no tiene para atender estas urgencias.
Yo sé que esto no se hace, pero no puedo evitar pensar que si hubiese salido del mall por donde siempre, ella habría caído frente a mí.
Y heme aquí, con el insomnio volviendo lentamente, excepto hoy, que me visita con ganas.
20130820
Yo también lo sé
Yo sé que mis conocidos hablan de mí. Sé que mi familia habla de mí. Sé que hay mucha gente hablando de mí a mis espaldas. ¿Por qué no trabajo? ¿Por qué no estoy casada? ¿Por qué no tengo hijos si estoy tan "vieja"?
Y mi respuesta a esas preguntas que se hacen para el otro lado, parte con otras preguntas: ¿por qué les importa? y más importante aún, ¿por qué les molesta?
Hubo un tiempo en que el gran problema era que les molestaba que no terminara mi tesis... lo único que querían era que la terminara, que me titulara, etc. Como si mi mundo se fuera a arreglar por eso. Sé que no se iba a arreglar, sé que no iba a ser más feliz porque... ¿por qué habría de serlo? Incluso una vez se lo dije a Sergio: "te apuesto a que después solo vienen más peticiones para hacerlos feliz: que trabaje, que me case, que tenga hijos..." Incluso una amiga me dijo que yo sería feliz si encontrara algo productivo qué hacer. Unos años después, me dice que yo sería feliz si tuviera un bebé.
La verdad, es que si yo tuviera un bebé se lo entregaría a esta amiga, o a mis padres, o a cualquiera de esas personas que dijeron que un bebé me haría feliz, porque la verdad es que yo no quiero ni necesito un bebé: ellos lo quieren y ellos lo necesitan. Siempre los demás necesitan de mí. Siempre. Ese ha sido todo el sentido de mi vida.
Desde que tengo cuatro años que noté lo mucho que me necesita el mundo: ayúdame a cuidar a tu hermanita, ayúdame en la caja, ayúdame a vigilar... Todo acompañado de un "ya eres grande". En resumida cuenta, llevo 27 años siendo grande y necesitada por los demás. El aprecio que siento de parte del mundo está directamente relacionado con mi utilidad y nada más (si hasta la hermana de Sergio parece que recurre a mí para las tareas escolares difíciles de su hija). ¿Trabajar yo? Sí, con gusto, todo sea para que el mundo deje de molestar pidiendo favores.
Pero no he podido: soy representante legal de una compañía de mi padre, quien siempre dice que necesita una firma en forma urgente. He tenido muchas veces que dejar todo botado para cruzar la ciudad y firmar un documento. Siempre es urgente, siempre me pide que corra. Pero las pocas veces en que me ha sido realmente imposible, resulta que "no importa, se puede firmar mañana". Ahora "trabajo" con él: la diferencia está en que paso el día jugando Farmville y perdiendo el tiempo en redes sociales, porque ya ni siquiera me paro a cocinar o a ayudar realmente a alguien, cosa que era más frecuente cuando me quedaba en casa. Ahora solo me siento a esperar a que llegue un día en que se necesite una firma, o una transferencia electrónica. Y no exagero cuando digo día. La verdad, era más productivo quedarse en casa.
Una vez le dije a mi papá que no quería seguir prestando el nombre. Se enojó, resopló, me gritó: "te estoy pidiendo que me ayudes, ¿por qué no me puedes ayudar?" y la verdad es que no hay motivo para no ayudarle, excepto que ayudarle así me perjudica a mí, pero él es demasiado ciego para aceptarlo, o demasiado tonto para entenderlo.
Por otra parte, tengo novio. He tratado el tema de irme a hacer controles de calidad en destino (o sea, trabajar en el extranjero)... pero solo recibo caras de pena y preguntas "¿por qué? ¿y yo, qué? ¿qué voy a hacer yo?". Cuando mi hermanita era más chica, le conté que yo podría trabajar en otro país y se puso a llorar. Antes el motivo fue ella, ahora el motivo es él. Misma cosa pasa si se trata de ir a otra ciudad. Parece que si quiero trabajar en otro lugar, debo encontrar dos trabajos: uno para mí, uno para mi novio.
Pero tampoco se puede: mi novio no puede arrendar su departamento durante un plazo de cinco años, porque recibió un subsidio para comprarlo, y entre las reglas del juego está la prohibición de vender o arrendar en ese período de tiempo. Hasta el momento —incluso dejando la representación de la empresa— todo me mantiene en Santiago.
Y de los 15 anuncios a los que postulé en un año, recibí una sola entrevista que no prosperó. Sin embargo, me llamaron meses después, desde la misma empresa para ofrecerme otro trabajo... que tuve que rechazar porque estábamos empezando un negocio y preparándonos para vender en un evento ferial... en la misma fecha en que empezaba este trabajo. He postulado a otras cosas, sin resultado positivo. A veces parece que tendré que mentir para obtener un puesto. Tengo conocidos que lo han hecho. Pero yo me niego a mentir.
Tampoco es que los anuncios de trabajo sean muy abundantes. La verdad es que no son escasos realmente: lo escaso es un trabajo en Santiago que no implique ventas (si hay algo que sé es que soy pésima vendedora), que no requiera de poseer un auto, y que no exija varios años de "experiencia en cargo similar".
Tener un padre que me ha insultado toda la vida no ha ayudado en nada. Muchos años de psicólogo y psiquiatra solo me han llevado a la conclusión de que su forma de tratarme ha sido la causa de todos mis males. Muchas vecesdeseo sueño con su muerte, conmigo escupiendo sobre su ataúd, conmigo dando un discurso sobre lo mal padre que fue, con mi familia enojándose conmigo... y con todos enojándose conmigo porque en la realidad parece que ningún muerto es malo de verdad y a todos los muertos hay que quererlos. Y cuando pienso en esa muerte es cuando dejo de pensar en la mía.
Si usted cree que yo necesito terapia otra vez, créame que yo creo lo mismo.
Y mi respuesta a esas preguntas que se hacen para el otro lado, parte con otras preguntas: ¿por qué les importa? y más importante aún, ¿por qué les molesta?
Hubo un tiempo en que el gran problema era que les molestaba que no terminara mi tesis... lo único que querían era que la terminara, que me titulara, etc. Como si mi mundo se fuera a arreglar por eso. Sé que no se iba a arreglar, sé que no iba a ser más feliz porque... ¿por qué habría de serlo? Incluso una vez se lo dije a Sergio: "te apuesto a que después solo vienen más peticiones para hacerlos feliz: que trabaje, que me case, que tenga hijos..." Incluso una amiga me dijo que yo sería feliz si encontrara algo productivo qué hacer. Unos años después, me dice que yo sería feliz si tuviera un bebé.
La verdad, es que si yo tuviera un bebé se lo entregaría a esta amiga, o a mis padres, o a cualquiera de esas personas que dijeron que un bebé me haría feliz, porque la verdad es que yo no quiero ni necesito un bebé: ellos lo quieren y ellos lo necesitan. Siempre los demás necesitan de mí. Siempre. Ese ha sido todo el sentido de mi vida.
Desde que tengo cuatro años que noté lo mucho que me necesita el mundo: ayúdame a cuidar a tu hermanita, ayúdame en la caja, ayúdame a vigilar... Todo acompañado de un "ya eres grande". En resumida cuenta, llevo 27 años siendo grande y necesitada por los demás. El aprecio que siento de parte del mundo está directamente relacionado con mi utilidad y nada más (si hasta la hermana de Sergio parece que recurre a mí para las tareas escolares difíciles de su hija). ¿Trabajar yo? Sí, con gusto, todo sea para que el mundo deje de molestar pidiendo favores.
Pero no he podido: soy representante legal de una compañía de mi padre, quien siempre dice que necesita una firma en forma urgente. He tenido muchas veces que dejar todo botado para cruzar la ciudad y firmar un documento. Siempre es urgente, siempre me pide que corra. Pero las pocas veces en que me ha sido realmente imposible, resulta que "no importa, se puede firmar mañana". Ahora "trabajo" con él: la diferencia está en que paso el día jugando Farmville y perdiendo el tiempo en redes sociales, porque ya ni siquiera me paro a cocinar o a ayudar realmente a alguien, cosa que era más frecuente cuando me quedaba en casa. Ahora solo me siento a esperar a que llegue un día en que se necesite una firma, o una transferencia electrónica. Y no exagero cuando digo día. La verdad, era más productivo quedarse en casa.
Una vez le dije a mi papá que no quería seguir prestando el nombre. Se enojó, resopló, me gritó: "te estoy pidiendo que me ayudes, ¿por qué no me puedes ayudar?" y la verdad es que no hay motivo para no ayudarle, excepto que ayudarle así me perjudica a mí, pero él es demasiado ciego para aceptarlo, o demasiado tonto para entenderlo.
Por otra parte, tengo novio. He tratado el tema de irme a hacer controles de calidad en destino (o sea, trabajar en el extranjero)... pero solo recibo caras de pena y preguntas "¿por qué? ¿y yo, qué? ¿qué voy a hacer yo?". Cuando mi hermanita era más chica, le conté que yo podría trabajar en otro país y se puso a llorar. Antes el motivo fue ella, ahora el motivo es él. Misma cosa pasa si se trata de ir a otra ciudad. Parece que si quiero trabajar en otro lugar, debo encontrar dos trabajos: uno para mí, uno para mi novio.
Pero tampoco se puede: mi novio no puede arrendar su departamento durante un plazo de cinco años, porque recibió un subsidio para comprarlo, y entre las reglas del juego está la prohibición de vender o arrendar en ese período de tiempo. Hasta el momento —incluso dejando la representación de la empresa— todo me mantiene en Santiago.
Y de los 15 anuncios a los que postulé en un año, recibí una sola entrevista que no prosperó. Sin embargo, me llamaron meses después, desde la misma empresa para ofrecerme otro trabajo... que tuve que rechazar porque estábamos empezando un negocio y preparándonos para vender en un evento ferial... en la misma fecha en que empezaba este trabajo. He postulado a otras cosas, sin resultado positivo. A veces parece que tendré que mentir para obtener un puesto. Tengo conocidos que lo han hecho. Pero yo me niego a mentir.
Tampoco es que los anuncios de trabajo sean muy abundantes. La verdad es que no son escasos realmente: lo escaso es un trabajo en Santiago que no implique ventas (si hay algo que sé es que soy pésima vendedora), que no requiera de poseer un auto, y que no exija varios años de "experiencia en cargo similar".
Tener un padre que me ha insultado toda la vida no ha ayudado en nada. Muchos años de psicólogo y psiquiatra solo me han llevado a la conclusión de que su forma de tratarme ha sido la causa de todos mis males. Muchas veces
Si usted cree que yo necesito terapia otra vez, créame que yo creo lo mismo.
20130413
Conversaciones ajenas 1
La gente habla sobre el tiempo, solo por hablar acerca de algo: hace frío, hace calor... nunca falla, aunque la respuesta al comentario sea un monosílabo.
La gente habla de lo que hace, solo (también) por hablar acerca de algo... aunque una vez que la conversación se inicia, puede que alguien se entusiasme hablando mucho sobre su trabajo, sus estudios actuales, lo que hace y lo que pretende hacer. Todo es entusiasmo, todo es positivismo. No importa que Fulano no haga nada bueno por la vida, lo importante es hablar de lo que le gustaría hacer, aunque sea mentira. Lo importante es hacer que suene importante, para que parezca que se es un aporte al mundo. Lo importante es nunca quedar mal. Lo importante es responder "ah, qué bueno", aunque no te parezca que eso es así. "Que no se te note" debiera ser la frase en el escudo nacional.
¿De qué hablo? Bueno... entre otras cosas, de esto:
Metro Alcántara, salida norte, un día cualquiera de 2011. Rubia chilensis (o sea, no tan rubia) se encuentra con rubio chilensis (que es menos rubio aún), y dialogan por unos diez segundos.
— ¡[Nombre de varón]!
— ¡Hola! ¿Cómo estái? Tanto tiempo... (la verdad es que no se veía muy alegre el cabro)
— Sí, po', harto tiempo... Yo bien, ¿cómo hai esta'o?
— Yo, bien pues. ¿Qué ha sido de ti?
— Yo terminé derecho y ahora estoy en [nombre de empresa/estudio], haciendo [cualquier cosa] (lo importante es el tono con que se dice, pa que suene importante, valga mi redundancia)
— Ah, que buena.
— ¿Y tú qué estái haciendo?
— Yo... me salí de bioquímica y... ahora soy orfebre. (Su tono es sincero, pero le falta la positividad exagerada de rigor).
— (cara de sorpresa / qué se hace en estos casos) ...
— Sí...
Y la conversación siguió por unos segundos más, pero no me quedé a escuchar... yo iba camino a... no me acuerdo dónde. Dentista, tal vez.
Pero creo que ya se entendió la idea... y —más precisamente— se entendió lo que no me gusta.
Problemas para dormir hace algunos días. Psiquiatra perdido. Melatonina...
La gente habla de lo que hace, solo (también) por hablar acerca de algo... aunque una vez que la conversación se inicia, puede que alguien se entusiasme hablando mucho sobre su trabajo, sus estudios actuales, lo que hace y lo que pretende hacer. Todo es entusiasmo, todo es positivismo. No importa que Fulano no haga nada bueno por la vida, lo importante es hablar de lo que le gustaría hacer, aunque sea mentira. Lo importante es hacer que suene importante, para que parezca que se es un aporte al mundo. Lo importante es nunca quedar mal. Lo importante es responder "ah, qué bueno", aunque no te parezca que eso es así. "Que no se te note" debiera ser la frase en el escudo nacional.
¿De qué hablo? Bueno... entre otras cosas, de esto:
Metro Alcántara, salida norte, un día cualquiera de 2011. Rubia chilensis (o sea, no tan rubia) se encuentra con rubio chilensis (que es menos rubio aún), y dialogan por unos diez segundos.
— ¡[Nombre de varón]!
— ¡Hola! ¿Cómo estái? Tanto tiempo... (la verdad es que no se veía muy alegre el cabro)
— Sí, po', harto tiempo... Yo bien, ¿cómo hai esta'o?
— Yo, bien pues. ¿Qué ha sido de ti?
— Yo terminé derecho y ahora estoy en [nombre de empresa/estudio], haciendo [cualquier cosa] (lo importante es el tono con que se dice, pa que suene importante, valga mi redundancia)
— Ah, que buena.
— ¿Y tú qué estái haciendo?
— Yo... me salí de bioquímica y... ahora soy orfebre. (Su tono es sincero, pero le falta la positividad exagerada de rigor).
— (cara de sorpresa / qué se hace en estos casos) ...
— Sí...
Y la conversación siguió por unos segundos más, pero no me quedé a escuchar... yo iba camino a... no me acuerdo dónde. Dentista, tal vez.
Pero creo que ya se entendió la idea... y —más precisamente— se entendió lo que no me gusta.
Problemas para dormir hace algunos días. Psiquiatra perdido. Melatonina...
20121124
Miedo a la gente
Últimamente tengo miedo... de esos miedos que sabes que no debieras tener, de esos miedos que sabes que pueden ser nada. Tal vez no tan 'nada' como el miedo a que se caiga el avión, pero mucho más que el miedo a que te roben/choquen el auto prestado que tuviste que dejar estacionado en plena calle porque no quedaba de otra.
Y para qué explico más si el título ya lo puse: le tengo miedo a la gente.
Arrogancia, prepotencia, violencia y demases faltas de respeto siempre han existido. Hoy siento que se han multiplicado. Si hasta Sergio anda por la vida pensando en cómo desquitarse con el siguiente conductor que le toca nerviosa y odiosamente la bocina a todo el mundo (caso en que no sé a quién le tengo más miedo... si en el fondo la conducta es la misma).
¿De dónde sale tanta ira? Ni idea. En realidad parece que todos necesitan desquitarse con algo o con alguien, y culpar al sistema. Sistema que poco se entiende... ni siquiera estoy segura de que haya realmente un gran sistema o ente que sea la causa de todos los males que la gente necesita descargar. La cosa o el punto es que 'el sistema' no es el objeto del desquite, sino las personas. Eso de creer que desquitándose con la telefonista es atacar a ese sistema (o en este caso a la empresa que funciona mal) es ser iluso.
El asunto seguirá cuando la telefonista ofuscada por el maltrato recibido por el cliente X, ande de mal humor y se decargue con otra persona... probablemente otro cliente, porque —seamos sinceros— no importa que ese otro cliente no le haya hecho nada malo, al final del día todos los clientes caen en el mismo saco como genéricos (commodities) de lo que sea.
Y así, clientes más enojados porque no los trataron bien. Personas que ahora necesitan descargar la ira en otra parte. Digamos otra vez las cosas como son: nadie se da vuelta a increpar al que le hizo enojar. Lo normal es buscar el desquite o contra un inocente, o contra un culpable de cualquier otra cosa. Y vamos multiplicando, como en "Cadena de Favores". Ahora sumémosle a la historia todas las empresas que funcionan mal, y en el resultado parcial ya tenemos a la mitad del país bien irritada.
Como la gente enojada tiende a ser o volverse desesperadamente violenta, "el sistema" decide que hay que tratarlos mal a todos por igual. Casi como delincuentes: Prohíbanles todo, oblíguenlos a hacer sólo eso, a comprar sólo eso otro, a no transitar por ahí... sólo hay derecho a hacer lo que se ha establecido incluso fuera de la Ley, sin mucho sentido más allá de la represalia ciega. Y como en un flexágono, las cosas vuelven a mostrar su cara una y otra vez, desde un punto de vista y desde otro aparentemente igual... siempre las caras ocultas vuelven a salir.
Terminamos con un mundo enojado. Todos contra un sistema del que dicen no formar parte, pero conforman un sistema complementario igual de malo, o peor: un sistema de gente mala sin siquiera querer serlo y sin hacer nada por salir de ahí, porque no tienen idea de que están ahí.
Y yo... haciendo esfuerzos por saludar al chófer de la micro, dar las gracias, no desquitarme con los telefonistas que nunca han tenido culpa de nada... haciendo esfuerzos para que el mundo funcione bien, tengo terror de encontrarme con esos que hacen las cosas mal, que se van a desquitar conmigo de la peor manera posible, por algo que ni les he hecho ni les haré... que se van a descargar conmigo por algo que no he pensado... que van a odiarme porque tienen ganas de odiar a alguien... ¿Quién me va a defender de la gente?
Menstruación, día uno. Sï puede ser que ande más sensible de lo habitual. Incluso (otra vez) quiero ser tonta y feliz)
Y para qué explico más si el título ya lo puse: le tengo miedo a la gente.
Arrogancia, prepotencia, violencia y demases faltas de respeto siempre han existido. Hoy siento que se han multiplicado. Si hasta Sergio anda por la vida pensando en cómo desquitarse con el siguiente conductor que le toca nerviosa y odiosamente la bocina a todo el mundo (caso en que no sé a quién le tengo más miedo... si en el fondo la conducta es la misma).
¿De dónde sale tanta ira? Ni idea. En realidad parece que todos necesitan desquitarse con algo o con alguien, y culpar al sistema. Sistema que poco se entiende... ni siquiera estoy segura de que haya realmente un gran sistema o ente que sea la causa de todos los males que la gente necesita descargar. La cosa o el punto es que 'el sistema' no es el objeto del desquite, sino las personas. Eso de creer que desquitándose con la telefonista es atacar a ese sistema (o en este caso a la empresa que funciona mal) es ser iluso.
El asunto seguirá cuando la telefonista ofuscada por el maltrato recibido por el cliente X, ande de mal humor y se decargue con otra persona... probablemente otro cliente, porque —seamos sinceros— no importa que ese otro cliente no le haya hecho nada malo, al final del día todos los clientes caen en el mismo saco como genéricos (commodities) de lo que sea.
Y así, clientes más enojados porque no los trataron bien. Personas que ahora necesitan descargar la ira en otra parte. Digamos otra vez las cosas como son: nadie se da vuelta a increpar al que le hizo enojar. Lo normal es buscar el desquite o contra un inocente, o contra un culpable de cualquier otra cosa. Y vamos multiplicando, como en "Cadena de Favores". Ahora sumémosle a la historia todas las empresas que funcionan mal, y en el resultado parcial ya tenemos a la mitad del país bien irritada.
Como la gente enojada tiende a ser o volverse desesperadamente violenta, "el sistema" decide que hay que tratarlos mal a todos por igual. Casi como delincuentes: Prohíbanles todo, oblíguenlos a hacer sólo eso, a comprar sólo eso otro, a no transitar por ahí... sólo hay derecho a hacer lo que se ha establecido incluso fuera de la Ley, sin mucho sentido más allá de la represalia ciega. Y como en un flexágono, las cosas vuelven a mostrar su cara una y otra vez, desde un punto de vista y desde otro aparentemente igual... siempre las caras ocultas vuelven a salir.
Terminamos con un mundo enojado. Todos contra un sistema del que dicen no formar parte, pero conforman un sistema complementario igual de malo, o peor: un sistema de gente mala sin siquiera querer serlo y sin hacer nada por salir de ahí, porque no tienen idea de que están ahí.
Y yo... haciendo esfuerzos por saludar al chófer de la micro, dar las gracias, no desquitarme con los telefonistas que nunca han tenido culpa de nada... haciendo esfuerzos para que el mundo funcione bien, tengo terror de encontrarme con esos que hacen las cosas mal, que se van a desquitar conmigo de la peor manera posible, por algo que ni les he hecho ni les haré... que se van a descargar conmigo por algo que no he pensado... que van a odiarme porque tienen ganas de odiar a alguien... ¿Quién me va a defender de la gente?
Menstruación, día uno. Sï puede ser que ande más sensible de lo habitual. Incluso (otra vez) quiero ser tonta y feliz)
20120719
Cuando se cae facebook...
Cuando se cae Facebook, te quejas por la vía del Twitter. Cuando se cae Twitter, te quejas a través de Facebook.
Cuando se caen ambas... ¿qué? ¿LinkedIn? No. En mi caso, Blogger... que me recuerda las ganas de descarga digital que tengo acumuladas, pero que no salen por falta de tiempo. No es que tenga trabajo, pero tengo cosas que planear. Y esta pantallita que veo ahora no me ayuda a inspirar creatividad.
Carpintería. En eso está mi lado maníaco no hiperactivo... si es que eso existe.
Cuando se caen ambas... ¿qué? ¿LinkedIn? No. En mi caso, Blogger... que me recuerda las ganas de descarga digital que tengo acumuladas, pero que no salen por falta de tiempo. No es que tenga trabajo, pero tengo cosas que planear. Y esta pantallita que veo ahora no me ayuda a inspirar creatividad.
Carpintería. En eso está mi lado maníaco no hiperactivo... si es que eso existe.
20120412
Aventuras BAM entel.
Aventura 1
14 de diciembre de 2011: Compré un módem de banda ancha móvil (BAM) prepago de Entel, pa no aburrirme en la expo donde estaba (curiosamente entel era uno de los auspiciadores). Lo empiezo a usar. Todo casi bien en Huechuraba, sobre todo los primeros días, hasta que con la primera recarga aparecen los mensajes de horóscopo que me quitaban saldo; y servicio lento en La Florida, pero funcional. Por desgracia,
14 de diciembre de 2011: Compré un módem de banda ancha móvil (BAM) prepago de Entel, pa no aburrirme en la expo donde estaba (curiosamente entel era uno de los auspiciadores). Lo empiezo a usar. Todo casi bien en Huechuraba, sobre todo los primeros días, hasta que con la primera recarga aparecen los mensajes de horóscopo que me quitaban saldo; y servicio lento en La Florida, pero funcional. Por desgracia,
20120323
¡Ouch!
Mientras empiezo a escribir, estoy insomne, cansada y con el estómago revuelto. Terrible. Probablemente insomne porque no me quedan dormilinas y olvidé comprarlas. Probablemente cansada porque caminé como 10 km según lo que medí en Google Earth, y mis piernas pesan aunque estén completamente estiradas y apoyadas en la cama. Y no tengo idea de por qué tengo el estómago revuelto. Estoy segura de que el BigMac
20120103
Fin de Año Nuevo
No tengo idea de cómo va a terminar el 2012, pero esto de las fiestas de fin y cambio de año me tiene no cansadita, sino cansadota. Armamos un pequeño vivero con Sergio (aún no tenemos arbolitos, pero ya tenemos cosas lindas) y participamos en una gran feria navideña cuya organización fue como las... mejor me guardo los garabatos
20111014
Jardines verticales
No me gustan mucho los jardines verticales... esos que tapizan muros de edificios. Si bien no son muchos los que he visto, puedo decir que al menos los que he visto en Santiago no son del todo bellos... y que su respectivo humano responsable parece tener problemas para regar (o calcular el fertitriego).
De los desastres exitosos en mi ciudad, creo que el del hotel Intercontinental se lleva el primer premio. Miro ese edificio y por mucho que trato de buscarle el lado positivo, no le encuentro nada bueno. Miro ese edificio y tengo la sensación de que está cubierto por musgo, sensación que creo que ha sido provocada por la gran sombra que proyectan las torres de enfrente (norte) durante buena parte del día, sombra que de paso no ayuda mucho a que las plantas crezcan felices. Ya ni me acuerdo si alguna vez reconocí alguna especie en ese tapiz verde, así es que tampoco puedo especular sobre sus requerimientos de agua y luz. Más fea se vuelve esa pared verde por toda la superficie que se toma. Al final, el resultado es verde, oscuro y triste. Yo creo que podría ser menos fea si el verde estuviera en franjas intercaladas con otras de ladrillo o el material con que quisieran revestir el muro: se destacarían más las franjas de cubierta vegetal. También habría sido menos triste si hubiesen preferido más plantas en su versión variegada. Le va mejor a la cubierta que está por el lado del 'Pasta e Basta': es más chica y le llega menos sombra del 'Titanium'... así es que no parece musgo.
Le va mejor también a los jardines verticales de Parque Arauco... ahora que decidieron tener plantas y justificar el nombre de Parque, pero el que muchas plantas de más abajo crezcan más que las plantas de más arriba me dice que alguien no pensó suficientemente bien... Eso, o pensó en algo que queda feo.
No sé si el papa del parque Juan Pablo II califique como jardín vertical. Tampoco lo he visto de cerca. Yo creo que es un híbrido entre jardín vertical y topiario... pero más jardín que topiario.
Tengo los pies fríos. Después de tanto anuncio, anoche llovió por fin. Me alegro de no guardar el calientacama aún. Olvidé comprar dormilinas... ¡mal!
De los desastres exitosos en mi ciudad, creo que el del hotel Intercontinental se lleva el primer premio. Miro ese edificio y por mucho que trato de buscarle el lado positivo, no le encuentro nada bueno. Miro ese edificio y tengo la sensación de que está cubierto por musgo, sensación que creo que ha sido provocada por la gran sombra que proyectan las torres de enfrente (norte) durante buena parte del día, sombra que de paso no ayuda mucho a que las plantas crezcan felices. Ya ni me acuerdo si alguna vez reconocí alguna especie en ese tapiz verde, así es que tampoco puedo especular sobre sus requerimientos de agua y luz. Más fea se vuelve esa pared verde por toda la superficie que se toma. Al final, el resultado es verde, oscuro y triste. Yo creo que podría ser menos fea si el verde estuviera en franjas intercaladas con otras de ladrillo o el material con que quisieran revestir el muro: se destacarían más las franjas de cubierta vegetal. También habría sido menos triste si hubiesen preferido más plantas en su versión variegada. Le va mejor a la cubierta que está por el lado del 'Pasta e Basta': es más chica y le llega menos sombra del 'Titanium'... así es que no parece musgo.
Le va mejor también a los jardines verticales de Parque Arauco... ahora que decidieron tener plantas y justificar el nombre de Parque, pero el que muchas plantas de más abajo crezcan más que las plantas de más arriba me dice que alguien no pensó suficientemente bien... Eso, o pensó en algo que queda feo.
No sé si el papa del parque Juan Pablo II califique como jardín vertical. Tampoco lo he visto de cerca. Yo creo que es un híbrido entre jardín vertical y topiario... pero más jardín que topiario.
Tengo los pies fríos. Después de tanto anuncio, anoche llovió por fin. Me alegro de no guardar el calientacama aún. Olvidé comprar dormilinas... ¡mal!
20110917
Oh my... blog!
Puchas... tenía ganas de escribir no más. Y las sigo teniendo mientras decido de qué hablar.
Bueno, aún no muerdo empanada ni carne a la parrilla... pero sí me tocó meter las manos al ajo y a la cebolla... para hacer... ejem... pino... para rellenar... ehhh... sí, empanadas. No es que haya revuelto ajo y cebolla con las manos, pero es consabido que el sólo hecho de tocar esos bulbos picaditos hace que esos compuestos azufrados de alilos se queden pegados en mis dedos, con énfasis en las puntas (¿aprovechando de meterse bajo las uñas?) Por otra parte, he visto demasiada fonda/ramada de casa por aquí en el barrio, y todavía no es 18 (¡uy! el próximo año es bisiesto...). En todo caso, estoy empezando a sentir un poco de comprensión por la gente que tiene ganas de celebrar estas fiestas. Por cierto, las empanadas que haremos en casa son una tradición medio creada por mi madre, que jamás llega con las manos vacías a las reuniones familiares viñamarinas, y para la reunión de septiembre en vez de llevar ingredientes y comidas chinas en abundacia, lleva empanadas en abundancia (bueno, y costillas adobadas). Yo ya me aburrí de hacer tanta empanada de una sola vez, así es que últimamente sólo aporto haciendo el relleno, y por fortuna a la Sofi le gusta envolver empanadas, y con el tiempo lo hace cada vez mejor... y sí, me estoy acordando de las primeras empanadas que trató de hacer cuando pequeña.
Hoy dediqué varias horas a jugar. Anoche mi hermana dejó un mouse enchufado a mi laptop, y recordé que cuando solía usar el compu sobre una mesa -en vez de tenerlo sobre mis piernas, conmigo sentada/acostada en la cama-, también solía jugar bastante Bejeweled Blitz (en facebook). Empecé bien lento, y después se fue volviendo más automática la cosa, hasta que llegué a jugar re-bien mientras hablaba por teléfono, cosa nueva para mí. Entre medio, pasaron varias horas de juego, aunque tampoco fue una sesión continua. Cuando por fin me cansé de jugar, cerraba los ojos y veía piedritas... horror. Da miedo que un juego sea tan adictivo y enviciante (si es que existe esa palabra)... me hace sentir ludópata automáticamente, aun cuando pienso que el juego debe haber sido diseñado para eso: como cada juego dura sólo un minuto, da la sensación de que se puede intentar jugar otra vez, y que un juego más no hará daño... pero sé que no es posible jugar sólo un juego más, y así... Menos mal que no gasto dinero -directamente- en jugarlo. Menos mal... aunque pensándolo un poco, si tuviera que pagar probablemente no jugaría tanto.
También he llegado -por ejemplo- a ver ropa o zapatos tras cerrar los ojos después de un día de vitrineo intensivo. Sobre todo si la compra es por obligación (es lo peor). Igual me tinca que no soy la única que ha sufrido de aquello.
De un día para otro, pasé de dormir entre mucho, profundo y demasiado (por las noches), a dormir mal, despertarme demasiado temprano y no poder volver a conciliar el sueño salvo cuando se acerca la hora en que los demás despiertan. Dicho de otra forma, ando medio insomne otra vez... pero espero que se pase. Siempre pasa... o casi siempre ("casi siempre" es más sincero).
Los días se están volviendo más cálidos, pero yo tengo los pies fríos ¿será mala circulación por tener el computador encima? Bueno, las noches siguen frescas, y puedo imaginar que algo de invierno queda.
Me gustan las frambuesas más que las frutillas, pero normalmente prefiero comer frutillas.
Bueno, aún no muerdo empanada ni carne a la parrilla... pero sí me tocó meter las manos al ajo y a la cebolla... para hacer... ejem... pino... para rellenar... ehhh... sí, empanadas. No es que haya revuelto ajo y cebolla con las manos, pero es consabido que el sólo hecho de tocar esos bulbos picaditos hace que esos compuestos azufrados de alilos se queden pegados en mis dedos, con énfasis en las puntas (¿aprovechando de meterse bajo las uñas?) Por otra parte, he visto demasiada fonda/ramada de casa por aquí en el barrio, y todavía no es 18 (¡uy! el próximo año es bisiesto...). En todo caso, estoy empezando a sentir un poco de comprensión por la gente que tiene ganas de celebrar estas fiestas. Por cierto, las empanadas que haremos en casa son una tradición medio creada por mi madre, que jamás llega con las manos vacías a las reuniones familiares viñamarinas, y para la reunión de septiembre en vez de llevar ingredientes y comidas chinas en abundacia, lleva empanadas en abundancia (bueno, y costillas adobadas). Yo ya me aburrí de hacer tanta empanada de una sola vez, así es que últimamente sólo aporto haciendo el relleno, y por fortuna a la Sofi le gusta envolver empanadas, y con el tiempo lo hace cada vez mejor... y sí, me estoy acordando de las primeras empanadas que trató de hacer cuando pequeña.
Hoy dediqué varias horas a jugar. Anoche mi hermana dejó un mouse enchufado a mi laptop, y recordé que cuando solía usar el compu sobre una mesa -en vez de tenerlo sobre mis piernas, conmigo sentada/acostada en la cama-, también solía jugar bastante Bejeweled Blitz (en facebook). Empecé bien lento, y después se fue volviendo más automática la cosa, hasta que llegué a jugar re-bien mientras hablaba por teléfono, cosa nueva para mí. Entre medio, pasaron varias horas de juego, aunque tampoco fue una sesión continua. Cuando por fin me cansé de jugar, cerraba los ojos y veía piedritas... horror. Da miedo que un juego sea tan adictivo y enviciante (si es que existe esa palabra)... me hace sentir ludópata automáticamente, aun cuando pienso que el juego debe haber sido diseñado para eso: como cada juego dura sólo un minuto, da la sensación de que se puede intentar jugar otra vez, y que un juego más no hará daño... pero sé que no es posible jugar sólo un juego más, y así... Menos mal que no gasto dinero -directamente- en jugarlo. Menos mal... aunque pensándolo un poco, si tuviera que pagar probablemente no jugaría tanto.
También he llegado -por ejemplo- a ver ropa o zapatos tras cerrar los ojos después de un día de vitrineo intensivo. Sobre todo si la compra es por obligación (es lo peor). Igual me tinca que no soy la única que ha sufrido de aquello.
De un día para otro, pasé de dormir entre mucho, profundo y demasiado (por las noches), a dormir mal, despertarme demasiado temprano y no poder volver a conciliar el sueño salvo cuando se acerca la hora en que los demás despiertan. Dicho de otra forma, ando medio insomne otra vez... pero espero que se pase. Siempre pasa... o casi siempre ("casi siempre" es más sincero).
Los días se están volviendo más cálidos, pero yo tengo los pies fríos ¿será mala circulación por tener el computador encima? Bueno, las noches siguen frescas, y puedo imaginar que algo de invierno queda.
Me gustan las frambuesas más que las frutillas, pero normalmente prefiero comer frutillas.
20110914
Septiembre
No sé si he escrito sobre esto antes: NO me gusta el mes de septiembre.
No me gustan los días largos. No me gusta el calor. Soy cada año más alérgica que el anterior. La gente se vuelve inquieta (si yo tuviera un laboratorio farmacéutico, el nombre comercial de mis anfetaminas empezaría por "Sept-"), les aparecen las ganas de hacerlo todo... y de paso, celebrarlo todo. Y como dato anecdótico, mis bisabuelos se murieron a principios de septiembre, aunque con años de diferencia; así es que el chiste de pasar agosto no me causa mayor gracia ("pasar septiembre", sería un mejor dicho).
Igual es rico sentir que no moriré de frío por las noches. También es agradable ver a la mayoría de las especies floreciendo. Y creo que todo eso es lo agradable de la primavera.
Tengo un Aloe vera en una maceta. Uno de verdad, y no un A. arborescens ni ninguno de sus parientes cercanos con los que suele ser confundido incluso en televisión. La primavera pasada floreció por primera vez. Fue emocionante el día en que noté que venía una vara floral creciendo en vez de -y en medio de- más hojas carnosas. Luego noté que crecía bastante rápido, y no me di ni cuenta cuando ya había empezado a abrir decenas de florcitas. Unos días de floración y acabó el espectáculo, pero la emoción de ver a mi Aloe florecer se acabó antes que la floración. No vi que dejase semillas. Es difícil que me emocione por algo, y si lo hago, se me pasa pronto. Estuvo linda la floración, pero ya pasó. Este año, mi Aloe trae dos sorpresas: por una parte, la vara floral trae dos inflorescencias en vez de una, aunque una es más grande que la otra; por otra parte, viene con un hijuelo... o sea que también tendré un Aloe grande y un Aloe chico. ¿Súper...? sí, pero en realidad no. Interesante tal vez, pero emocionantemente alegre, no. Ya no me pasan esas cosas.
Sergio se emociona cada vez que siembra algo y las semillas empiezan a germinar. Yo no. Una vez, como a los seis años se me ocurrió sembrar un porotito que estaba en el refrigerador de mis papás (mis padres tenían un refrigerador en su pieza), y sí me alegré mucho. De ahí en adelante, la germinación se me hace normal... y en ningún caso es que germine todo lo que siembro, menos aún sobrevive todo lo que trasplanto. ¿Será realmente mala mi falta de emoción?
Estoy cansada de las fiestas de septiembre, tan cansada como de las fiestas de fin de año, y tan aburrida como de cumplir años. El 20 de septiembre es típico que el olor a parrilla encendida provoca náuseas, el olor a cebolla y comino reside en el tracto digestivo y es imposible deshacerse de él, y eso que hace mucho tiempo que dejé de comer hasta el hartazgo. Pero es lo único que trae el menú... así es que tampoco es mucho lo que se podría prevenir sin pasar por antisocial. En el caso de mi familia, hay que sumar la celebración del festival de la luna (o festival de otoño, o fiesta de la cosecha... en un día de septiembre u octubre, según el año) y los mooncakes: otra cosa que parece ser obligatorio comer en abundancia como si de lo contrario acabase el mundo. Pero no, el mundo no se acaba, sino que es el comestible que abunda en esas fechas, acompañado de una extraña alegría sinsentido que no requiere de alcohol para existir.
Pareciera ser que estoy al borde de perder el respeto que me queda por las costumbres, lo ceremonial y lo ceremonioso. No sé si lo pueda perder por completo; mal que mal, se trata del respeto por los demás, pero... ¿y el respeto a mí? Esto de que se vea feo pensar distinto creo que es lo peor de todo (Oh, me acordé de las noticias: CONFECH y J. Fano). Me siento rara... ¿Soy rara o estoy de verdad y completamente mal?
No tengo ningún comentario ná que ver para esta entrada, y lo siento.
No me gustan los días largos. No me gusta el calor. Soy cada año más alérgica que el anterior. La gente se vuelve inquieta (si yo tuviera un laboratorio farmacéutico, el nombre comercial de mis anfetaminas empezaría por "Sept-"), les aparecen las ganas de hacerlo todo... y de paso, celebrarlo todo. Y como dato anecdótico, mis bisabuelos se murieron a principios de septiembre, aunque con años de diferencia; así es que el chiste de pasar agosto no me causa mayor gracia ("pasar septiembre", sería un mejor dicho).
Igual es rico sentir que no moriré de frío por las noches. También es agradable ver a la mayoría de las especies floreciendo. Y creo que todo eso es lo agradable de la primavera.
Tengo un Aloe vera en una maceta. Uno de verdad, y no un A. arborescens ni ninguno de sus parientes cercanos con los que suele ser confundido incluso en televisión. La primavera pasada floreció por primera vez. Fue emocionante el día en que noté que venía una vara floral creciendo en vez de -y en medio de- más hojas carnosas. Luego noté que crecía bastante rápido, y no me di ni cuenta cuando ya había empezado a abrir decenas de florcitas. Unos días de floración y acabó el espectáculo, pero la emoción de ver a mi Aloe florecer se acabó antes que la floración. No vi que dejase semillas. Es difícil que me emocione por algo, y si lo hago, se me pasa pronto. Estuvo linda la floración, pero ya pasó. Este año, mi Aloe trae dos sorpresas: por una parte, la vara floral trae dos inflorescencias en vez de una, aunque una es más grande que la otra; por otra parte, viene con un hijuelo... o sea que también tendré un Aloe grande y un Aloe chico. ¿Súper...? sí, pero en realidad no. Interesante tal vez, pero emocionantemente alegre, no. Ya no me pasan esas cosas.
Sergio se emociona cada vez que siembra algo y las semillas empiezan a germinar. Yo no. Una vez, como a los seis años se me ocurrió sembrar un porotito que estaba en el refrigerador de mis papás (mis padres tenían un refrigerador en su pieza), y sí me alegré mucho. De ahí en adelante, la germinación se me hace normal... y en ningún caso es que germine todo lo que siembro, menos aún sobrevive todo lo que trasplanto. ¿Será realmente mala mi falta de emoción?
Estoy cansada de las fiestas de septiembre, tan cansada como de las fiestas de fin de año, y tan aburrida como de cumplir años. El 20 de septiembre es típico que el olor a parrilla encendida provoca náuseas, el olor a cebolla y comino reside en el tracto digestivo y es imposible deshacerse de él, y eso que hace mucho tiempo que dejé de comer hasta el hartazgo. Pero es lo único que trae el menú... así es que tampoco es mucho lo que se podría prevenir sin pasar por antisocial. En el caso de mi familia, hay que sumar la celebración del festival de la luna (o festival de otoño, o fiesta de la cosecha... en un día de septiembre u octubre, según el año) y los mooncakes: otra cosa que parece ser obligatorio comer en abundancia como si de lo contrario acabase el mundo. Pero no, el mundo no se acaba, sino que es el comestible que abunda en esas fechas, acompañado de una extraña alegría sinsentido que no requiere de alcohol para existir.
Pareciera ser que estoy al borde de perder el respeto que me queda por las costumbres, lo ceremonial y lo ceremonioso. No sé si lo pueda perder por completo; mal que mal, se trata del respeto por los demás, pero... ¿y el respeto a mí? Esto de que se vea feo pensar distinto creo que es lo peor de todo (Oh, me acordé de las noticias: CONFECH y J. Fano). Me siento rara... ¿Soy rara o estoy de verdad y completamente mal?
No tengo ningún comentario ná que ver para esta entrada, y lo siento.
20110525
¿Un Completo?
¡¿Día nacional del completo?! No creo que pueda llamarse "día nacional" sin una ley que lo indique, pero así es como lo he visto publicado y anunciado hasta en las noticias. El 15 de mayo, día nacional del pisco, pasó sin pena ni gloria (y yo creo que el pisco también es chileno), pero el día del completo... ufff, hasta despachos en vivo para el noticiario de la tarde (periodista, camarógrafo y quién sabe quién más, estorbando en un lugar lleno a la hora de almuerzo), desde uno de los locales de la cadena que ha creado este día del completo. Esa cadena de sandwicherías se llama Dominó, y sus completos no son de mi agrado por completo. Por cierto, ¿por qué se les llama "fuente de soda" a las sandwicherías, si sodas son lo que menos venden? ...y encima a éstas les llamamos bebidas. Pero bueno... ya que este año Doggis bajó el precio de sus completines (que tampoco me gustan) por un día, y Telepizza estrena 3x1, creo que pronto vamos a declarar la tercera semana de mayo como la "semana de la comida chatarra".
No es difícil imaginar que el completo chileno debe ser un derivado del hot dog. Mi imaginación dice que a falta de un embutido de calidad, el hot dog que se trató de vender en un comienzo resultó ser fome, y empezó a requerir algo más que salsas para tener gracia. Luego imagino que obtuvo el chucrut gracias a algún inspirado en el sauerkraut que acompaña a alguna buena wurst. Aún no llego a crear una historia para el aterrizaje del tomate y la salsa de encurtidos sobre nuestro sándwich nacional en su versión tradicional. Sí, acabo de llamarlo "sándwich nacional"... por sobre las marraquetas con palta y por sobre el "sánguch'e potito". Sabemos que el completo "italiano" no viene de Italia, y que recibe su nombre inspirado en los colores que trae, pero... ¿por qué palta? Otra vez mi imaginación al ataque: sume usted, gente que odia los encurtidos por el olor a vinagre, y gente que adora la palta... dan como resultado la "vienesa-tomate-palta-mayo". La gente que odia encurtidos y palta simplemente pide la versión "tomate-mayo", y la gente que ama ambos ingredientes, pide el "dinámico"... aquí falla otra vez mi imaginación, porque no sé cómo le habrán dado ese nombre (tal vez hay que moverse mucho y rápido para poder comérselo limpiamente).
En mi niñez, prácticamente vivía en un restaurant. Pero en el restaurante de mis padres no habían sándwiches sino frituras; no había "menú del día", sino una larga lista de platos para escoger ser preparados en el momento. Y -a diferencia de lo que ocurre en los hogares del otro lado del mundo- el arroz saborizado no estaba hecho con las sobras de comidas pasadas. Entonces, en mi niñez siempre hubo comida para escoger, pero no habían completos dentro de las posibilidades... hasta que alguien me mostró uno.
No sé cuántos años tenía... cinco, seis, siete, ocho... ninguno de esos números me llama especialmente la atención... tal vez el siete... o el seis... ya, me doy por vencida. No sé cuántos años tenía, pero sé que eran pocos, y sé que puedo usar la frase "tierna infancia" para describirlos. La cosa es que alguien del restaurant se compró un completo, en la fuente de soda de enfrente (el término "sandwichería" queda chico en este caso), pero para llevar, y vi a esta personita comerse ese sándwich extraño que había comprado... y definitivamente no entendí qué diablos era eso. Después de que me convidaran un poco, sólo recuerdo que me gustó, pero para entender qué era realmente, tuvo que llegar el día en que compré uno para mí.
Pasaron muchos días (tal vez semanas) antes de que pudiera tener un completo para mí. Fue un día en que tenía hambre, y mi mamá estaba especialmente ocupada en la cocina. Yo no sabía qué comer, y de verdad que tenía hambre (como pocas veces)... y de pronto se me ocurrió: ¡un completo! En ese momento, no pensaba en escudriñar el contenido del sándwich extraño. Quería comer algo, rápido... y ¿qué podría ser más rápido que comprar algo en el restaurante de enfrente? Así es que le pregunté a mi mamá si podía, y mi mamá dijo que sí. Dijo que le pidiera el dinero a la cajera y que fuera a comprar con mi nana. La cajera se espantó cuando le pedí 500 pesos para comprar un solo completo... Yo estaba pidiendo un billete, mientras que un completo costaba menos que un par de monedas grandes. Era la época en que existía el billete de 500 pesos, y yo estaba pidiendo uno de esos, porque no tenía idea de lo que costaba un completo: ciento noventa pesos (cinco pesos más y te daban una cajita de poliestireno expandido, para llevarlo). Con lo llena que me dejó, me pareció una ganga... tanto que empecé a frecuentar los restaurantes y fuentes de soda que se encontraban en las dos cuadras que separaban nuestro restaurant de la Alameda: eran cuatro, más una pizzería y otro restaurante chino. OK, "frecuentar" es un verbo un poco exagerado, porque tampoco era que comiese completos en forma compulsiva ni a diario. Lo que hacía en realidad era comprar completos en distintos momentos... y a veces un local estaba cerrado, o no tenían salchichas... así, terminé conociendo todas las fuentes de soda de la primera cuadra de Santa Rosa. Pero en estas salidas no me acompañaba mi nana, sino mi mamá. Y fue gracias a mi mamá que degusté completos en otros barrios, no porque ella me llevara a comer completos, sino porque a veces -cuando salíamos- le preguntaba si podíamos ir a comer uno.
En aquél primer completo exclusivamente mío, descubrí cosas... como el chucrut y la salsa "americana", que eran ingredientes fuera de mi alcance (el de mí-niña-chica). Hasta entonces, sí había probado el pan, y había probado los tomates crudos (en China se los comen cocidos), pero descubrí que aunque las cosas tenían sabores propios, surgían sabores nuevos al ponerlas juntas y sin revolver... y también la mezcla entre productos cocidos y crudos era nueva para mí.
Después de completos probados en varios locales, y también después de hacer completos en casa, encontré el completo que más me gustaba: estaba casi tan "lejos" como la flor de los siete colores, en el barrio, y por muchos años los compré ahí. No divulgaré el nombre del local sin haber ido de nuevo a comprobar que sigan siendo asi. Han pasado años desde que me cambié de casa, y los mismos años han pasado desde que no como un completo en aquel lugar, así es que sería irresponsabilidad máxima publicar esa información. También pienso en el señor que los hacía, y por la edad que debe tener ahora, es probable que ya no esté ahí... y no es de locos pensar que si él no está, los completos ya no sean lo mismo. ¿Qué tenían esos completos que no tengan otros?
Mis completos favoritos tenían pan y vienesa, bien calentados sobre una plancha, y debo explicar eso de "bien calentado": Se trata de que el pan quede ligeramente tostado por fuera (sin crujir) y caliente por dentro, como la vienesa. El pan además, es tipo frica, suave y de tamaño medio: ni tan grande como para esconderlo todo ni tan chico como el pan de hot dog Ideal; tampoco es cualquier masa: ni tan chiclosa como para aburrirse masticando, ni tan suave como para romperse sola (como los panes de Ideal). Las salchichas que suelen usarse para el completo nunca han sido más que comunes y corrientes, pero deben estar ahí... serán pura proteina vegetal y grasa, pero son necesarias... y es necesario que estén bien calientes, no muy calientes, sino calientes hasta el centro. El pan pasa sobre la plancha tanto tiempo como la vienesa.
Mis completos favoritos sí contenían salsa americana y chucrut. La salsa de encurtidos debe ser de buena calidad: los pickles están muuuy finamente picados, nunca molidos; y el vinagre escurrido por completo. Esto último también aplica para el chucrut, que además ha sido aligerado con un poco de agua para quitar el exceso de vinagre. Al comer mi completo favorito no había problemas con las largas tiras de repollo que se salen casi como ovillos, arrastrando tomate y mayonesa con ellos, o que hay que comer como si fueran spaghetti (en ese caso, yo sería la dama, y mi hot dog, el vagabundo) del que da miedo tirar incluso con los dedos, para evitar la posibilidad del ovillo ya descrito... no, en mi completo favorito eso no ocurría, porque hay un señor que picó el chucrut con antelación, aunque no lo ha picado en demasía, porque el chucrut sin su forma no sería lo mismo.
Mis completos favoritos tenían tomate picado en cubitos pequeños; el mismo señor que picaba el chucrut con anticipación, picaba el tomate mientras se calentaban el pan y su vienesa. "Cubitos pequeños" son cubitos de medio centímetro, aproximadamente, que en ningún caso parecían salsa. Tampoco escurría el jugo en demasía, no sólo porque picaba los tomates en forma exclusiva para cada pedido (aunque estaban rebanados desde antes... para las pizzas), sino porque la sal sólo llegaba -en cantidad justa- después de que los cubitos estuviesen sobre mi sándwich, listos para recibir su dosis de mayonesa casera, batida a mano, hecha con un huevo, mucho aceite de maravilla y -de nuevo- la cantidad justa de sal.
Mis completos favoritos tenían la particularidad de ser armados con un tenedor. Un tenedor limpio con el que las manos del señor del chucrut y del tomate, ponían las cosas en su lugar. El tenedor bajaba a buscar un poco de salsa americana y luego un poco de chucrut, y ponía cada cosa en su lugar, presionando un poco para que nada se salga fácilmente de su lugar, sin poner nada de más, y -lo más importante- sin poner menos de nada. El tomate llegaba a su lugar gracias al cuchillo de medio golpe y de buen tamaño que el señor usaba también como pala/espátula, pero el tomate se asentaba gracias al tenedor, y era preciso hacer entrar todo el tomate que se había picado (tres a cuatro rebanadas por completo). Con todo bien puesto sobre el pan, la mayonesa escurre, y nada se mueve, salvo algún cubito de tomate en los extremos de mi completo perfecto.
Habiendo descrito los detalles de mi completo favorito, ¿puedo gustar de un completo Dominó? O sea... estamos hablando de un pan blandito y medio chicloso, que se calienta rápido y apenas, al que le ponen una salchicha frita (una salchicha frita no necesariamente cruje) porque es la manera más rápida de calentar una salchicha. Luego le pondrán sus otros ingredientes, que -no sé cómo lo hacen, pero- al final se caen fácilmente cuando hay una víctima que trata de comerse el completo final... en especial el tomate, que viene no sé si en cubos grandes o en salsa... o las dos cosas al mismo tiempo, y los cubos ya no pueden llamarse cubos ni nada por el estilo porque están lejos de tener aristas definidas, después de quien sabe cuántas revueltas de cuchara. ¿Y la salsa tártara que no es tan tártara (pero es insípida y bien aguada)? Lo único que puedo disfrutar en un completo de Dominó, es la salsa verde (que no es tan verde)... es que no es fácil encontrar un completo con cebolla, como tampoco es fácil armarse de paciencia para ir a equilibrar algo que sé que va a perder parte de sus ingredientes antes de que me los pueda comer. ¿Mencioné que mi completo favorito normalmente se podía comer entero, sin perder un gramo de él?
También podría despotricar contra Doggis... pero me cansé de escribir, aunque tengo algo mejor: El completo (da lo mismo si es Doggis o Dominó) es el reflejo de Chile: el completo parte como hot dog, sencillo, pero no le gusta a nadie, le ponen más cosas, le sacan cosas, le quieren cambiar lo que tiene... nunca nadie está conforme, siempre hay que hacerle un cambio o una excepción para que sea aceptado. Al final, cuando ya están conformes, no se lo pueden comer bien, porque aunque tiene todo lo que quieren, está mal hecho.
Al parecer, llevaba un buen tiempo sin escribir.
Nota: Me dicen que Doggis inventó el día del completo y que es justo un día antes del aniversario de Dominó. Sea como sea, mi completo perfecto sigue ahí.
No es difícil imaginar que el completo chileno debe ser un derivado del hot dog. Mi imaginación dice que a falta de un embutido de calidad, el hot dog que se trató de vender en un comienzo resultó ser fome, y empezó a requerir algo más que salsas para tener gracia. Luego imagino que obtuvo el chucrut gracias a algún inspirado en el sauerkraut que acompaña a alguna buena wurst. Aún no llego a crear una historia para el aterrizaje del tomate y la salsa de encurtidos sobre nuestro sándwich nacional en su versión tradicional. Sí, acabo de llamarlo "sándwich nacional"... por sobre las marraquetas con palta y por sobre el "sánguch'e potito". Sabemos que el completo "italiano" no viene de Italia, y que recibe su nombre inspirado en los colores que trae, pero... ¿por qué palta? Otra vez mi imaginación al ataque: sume usted, gente que odia los encurtidos por el olor a vinagre, y gente que adora la palta... dan como resultado la "vienesa-tomate-palta-mayo". La gente que odia encurtidos y palta simplemente pide la versión "tomate-mayo", y la gente que ama ambos ingredientes, pide el "dinámico"... aquí falla otra vez mi imaginación, porque no sé cómo le habrán dado ese nombre (tal vez hay que moverse mucho y rápido para poder comérselo limpiamente).
En mi niñez, prácticamente vivía en un restaurant. Pero en el restaurante de mis padres no habían sándwiches sino frituras; no había "menú del día", sino una larga lista de platos para escoger ser preparados en el momento. Y -a diferencia de lo que ocurre en los hogares del otro lado del mundo- el arroz saborizado no estaba hecho con las sobras de comidas pasadas. Entonces, en mi niñez siempre hubo comida para escoger, pero no habían completos dentro de las posibilidades... hasta que alguien me mostró uno.
No sé cuántos años tenía... cinco, seis, siete, ocho... ninguno de esos números me llama especialmente la atención... tal vez el siete... o el seis... ya, me doy por vencida. No sé cuántos años tenía, pero sé que eran pocos, y sé que puedo usar la frase "tierna infancia" para describirlos. La cosa es que alguien del restaurant se compró un completo, en la fuente de soda de enfrente (el término "sandwichería" queda chico en este caso), pero para llevar, y vi a esta personita comerse ese sándwich extraño que había comprado... y definitivamente no entendí qué diablos era eso. Después de que me convidaran un poco, sólo recuerdo que me gustó, pero para entender qué era realmente, tuvo que llegar el día en que compré uno para mí.
Pasaron muchos días (tal vez semanas) antes de que pudiera tener un completo para mí. Fue un día en que tenía hambre, y mi mamá estaba especialmente ocupada en la cocina. Yo no sabía qué comer, y de verdad que tenía hambre (como pocas veces)... y de pronto se me ocurrió: ¡un completo! En ese momento, no pensaba en escudriñar el contenido del sándwich extraño. Quería comer algo, rápido... y ¿qué podría ser más rápido que comprar algo en el restaurante de enfrente? Así es que le pregunté a mi mamá si podía, y mi mamá dijo que sí. Dijo que le pidiera el dinero a la cajera y que fuera a comprar con mi nana. La cajera se espantó cuando le pedí 500 pesos para comprar un solo completo... Yo estaba pidiendo un billete, mientras que un completo costaba menos que un par de monedas grandes. Era la época en que existía el billete de 500 pesos, y yo estaba pidiendo uno de esos, porque no tenía idea de lo que costaba un completo: ciento noventa pesos (cinco pesos más y te daban una cajita de poliestireno expandido, para llevarlo). Con lo llena que me dejó, me pareció una ganga... tanto que empecé a frecuentar los restaurantes y fuentes de soda que se encontraban en las dos cuadras que separaban nuestro restaurant de la Alameda: eran cuatro, más una pizzería y otro restaurante chino. OK, "frecuentar" es un verbo un poco exagerado, porque tampoco era que comiese completos en forma compulsiva ni a diario. Lo que hacía en realidad era comprar completos en distintos momentos... y a veces un local estaba cerrado, o no tenían salchichas... así, terminé conociendo todas las fuentes de soda de la primera cuadra de Santa Rosa. Pero en estas salidas no me acompañaba mi nana, sino mi mamá. Y fue gracias a mi mamá que degusté completos en otros barrios, no porque ella me llevara a comer completos, sino porque a veces -cuando salíamos- le preguntaba si podíamos ir a comer uno.
En aquél primer completo exclusivamente mío, descubrí cosas... como el chucrut y la salsa "americana", que eran ingredientes fuera de mi alcance (el de mí-niña-chica). Hasta entonces, sí había probado el pan, y había probado los tomates crudos (en China se los comen cocidos), pero descubrí que aunque las cosas tenían sabores propios, surgían sabores nuevos al ponerlas juntas y sin revolver... y también la mezcla entre productos cocidos y crudos era nueva para mí.
Después de completos probados en varios locales, y también después de hacer completos en casa, encontré el completo que más me gustaba: estaba casi tan "lejos" como la flor de los siete colores, en el barrio, y por muchos años los compré ahí. No divulgaré el nombre del local sin haber ido de nuevo a comprobar que sigan siendo asi. Han pasado años desde que me cambié de casa, y los mismos años han pasado desde que no como un completo en aquel lugar, así es que sería irresponsabilidad máxima publicar esa información. También pienso en el señor que los hacía, y por la edad que debe tener ahora, es probable que ya no esté ahí... y no es de locos pensar que si él no está, los completos ya no sean lo mismo. ¿Qué tenían esos completos que no tengan otros?
Mis completos favoritos tenían pan y vienesa, bien calentados sobre una plancha, y debo explicar eso de "bien calentado": Se trata de que el pan quede ligeramente tostado por fuera (sin crujir) y caliente por dentro, como la vienesa. El pan además, es tipo frica, suave y de tamaño medio: ni tan grande como para esconderlo todo ni tan chico como el pan de hot dog Ideal; tampoco es cualquier masa: ni tan chiclosa como para aburrirse masticando, ni tan suave como para romperse sola (como los panes de Ideal). Las salchichas que suelen usarse para el completo nunca han sido más que comunes y corrientes, pero deben estar ahí... serán pura proteina vegetal y grasa, pero son necesarias... y es necesario que estén bien calientes, no muy calientes, sino calientes hasta el centro. El pan pasa sobre la plancha tanto tiempo como la vienesa.
Mis completos favoritos sí contenían salsa americana y chucrut. La salsa de encurtidos debe ser de buena calidad: los pickles están muuuy finamente picados, nunca molidos; y el vinagre escurrido por completo. Esto último también aplica para el chucrut, que además ha sido aligerado con un poco de agua para quitar el exceso de vinagre. Al comer mi completo favorito no había problemas con las largas tiras de repollo que se salen casi como ovillos, arrastrando tomate y mayonesa con ellos, o que hay que comer como si fueran spaghetti (en ese caso, yo sería la dama, y mi hot dog, el vagabundo) del que da miedo tirar incluso con los dedos, para evitar la posibilidad del ovillo ya descrito... no, en mi completo favorito eso no ocurría, porque hay un señor que picó el chucrut con antelación, aunque no lo ha picado en demasía, porque el chucrut sin su forma no sería lo mismo.
Mis completos favoritos tenían tomate picado en cubitos pequeños; el mismo señor que picaba el chucrut con anticipación, picaba el tomate mientras se calentaban el pan y su vienesa. "Cubitos pequeños" son cubitos de medio centímetro, aproximadamente, que en ningún caso parecían salsa. Tampoco escurría el jugo en demasía, no sólo porque picaba los tomates en forma exclusiva para cada pedido (aunque estaban rebanados desde antes... para las pizzas), sino porque la sal sólo llegaba -en cantidad justa- después de que los cubitos estuviesen sobre mi sándwich, listos para recibir su dosis de mayonesa casera, batida a mano, hecha con un huevo, mucho aceite de maravilla y -de nuevo- la cantidad justa de sal.
Mis completos favoritos tenían la particularidad de ser armados con un tenedor. Un tenedor limpio con el que las manos del señor del chucrut y del tomate, ponían las cosas en su lugar. El tenedor bajaba a buscar un poco de salsa americana y luego un poco de chucrut, y ponía cada cosa en su lugar, presionando un poco para que nada se salga fácilmente de su lugar, sin poner nada de más, y -lo más importante- sin poner menos de nada. El tomate llegaba a su lugar gracias al cuchillo de medio golpe y de buen tamaño que el señor usaba también como pala/espátula, pero el tomate se asentaba gracias al tenedor, y era preciso hacer entrar todo el tomate que se había picado (tres a cuatro rebanadas por completo). Con todo bien puesto sobre el pan, la mayonesa escurre, y nada se mueve, salvo algún cubito de tomate en los extremos de mi completo perfecto.
Habiendo descrito los detalles de mi completo favorito, ¿puedo gustar de un completo Dominó? O sea... estamos hablando de un pan blandito y medio chicloso, que se calienta rápido y apenas, al que le ponen una salchicha frita (una salchicha frita no necesariamente cruje) porque es la manera más rápida de calentar una salchicha. Luego le pondrán sus otros ingredientes, que -no sé cómo lo hacen, pero- al final se caen fácilmente cuando hay una víctima que trata de comerse el completo final... en especial el tomate, que viene no sé si en cubos grandes o en salsa... o las dos cosas al mismo tiempo, y los cubos ya no pueden llamarse cubos ni nada por el estilo porque están lejos de tener aristas definidas, después de quien sabe cuántas revueltas de cuchara. ¿Y la salsa tártara que no es tan tártara (pero es insípida y bien aguada)? Lo único que puedo disfrutar en un completo de Dominó, es la salsa verde (que no es tan verde)... es que no es fácil encontrar un completo con cebolla, como tampoco es fácil armarse de paciencia para ir a equilibrar algo que sé que va a perder parte de sus ingredientes antes de que me los pueda comer. ¿Mencioné que mi completo favorito normalmente se podía comer entero, sin perder un gramo de él?
También podría despotricar contra Doggis... pero me cansé de escribir, aunque tengo algo mejor: El completo (da lo mismo si es Doggis o Dominó) es el reflejo de Chile: el completo parte como hot dog, sencillo, pero no le gusta a nadie, le ponen más cosas, le sacan cosas, le quieren cambiar lo que tiene... nunca nadie está conforme, siempre hay que hacerle un cambio o una excepción para que sea aceptado. Al final, cuando ya están conformes, no se lo pueden comer bien, porque aunque tiene todo lo que quieren, está mal hecho.
Al parecer, llevaba un buen tiempo sin escribir.
Nota: Me dicen que Doggis inventó el día del completo y que es justo un día antes del aniversario de Dominó. Sea como sea, mi completo perfecto sigue ahí.
20110309
Microondas
Hace algunos-cuantos-varios años, tener microondas era genial. Era genial porque no me importaba que el pan se volviera chicloso: lo importante era que el queso se derretía rápido. Con el tiempo, la emoción de calentar el pan con queso en el microondas fue decreciendo, y aumentando la decepción con cada pan chicloso que se volvía duro, o cada pan que terminaba bañado en queso-agua mientras el resto del queso se perdía en el plato. Algunos podrían alegar que eso no era tan malo, porque el queso seco se transformaba en una especie de galleta de queso... que a mí nunca me pudo gustar mucho.
Así, con el tiempo, empecé a valorar el pan tostado: crujiente por fuera (con su ligero olor a quemado), suave por dentro, y -dependiendo del grado de tostado- recalentable entre una y dos veces, sin perder sus encantadoras propiedades originales. Ah! y manteniendo el queso más o menos en su lugar. Divino.
Se comprenderá entonces lo terrible de una pizza hecha en microondas, o un sándwich... y que más encima se venda por un precio tres veces mayor al que se ofrece en una cafetería escolar!! Así la comida pierde hasta el encanto que no alcanzaba a notársele antes... mal-mal-mal. Terrible (ya lo sufrí en Gelato's de paseo Estado, y en Dulces Millahue de ruta 68 en dirección a Santiago).
Yo prefiero el horno de convección, eléctrico... mientras más compacto, mejor (aún no tengo uno). El microondas que se quede para la comida que contiene mucha agua, y para calentar comida ya preparada. Nada más.
El mundo me parece más feo que antes.
Así, con el tiempo, empecé a valorar el pan tostado: crujiente por fuera (con su ligero olor a quemado), suave por dentro, y -dependiendo del grado de tostado- recalentable entre una y dos veces, sin perder sus encantadoras propiedades originales. Ah! y manteniendo el queso más o menos en su lugar. Divino.
Se comprenderá entonces lo terrible de una pizza hecha en microondas, o un sándwich... y que más encima se venda por un precio tres veces mayor al que se ofrece en una cafetería escolar!! Así la comida pierde hasta el encanto que no alcanzaba a notársele antes... mal-mal-mal. Terrible (ya lo sufrí en Gelato's de paseo Estado, y en Dulces Millahue de ruta 68 en dirección a Santiago).
Yo prefiero el horno de convección, eléctrico... mientras más compacto, mejor (aún no tengo uno). El microondas que se quede para la comida que contiene mucha agua, y para calentar comida ya preparada. Nada más.
El mundo me parece más feo que antes.
20110303
La diferencia entre los meses de febrero y marzo, es que en marzo la gente está, y está alterada ya. Hasta yo me alteré ayer: Vicuña Mackenna, entre 4:30 y 5 pm, con máquinas atravesadas en ¡tres! puntos de la avenida (y no supe más porque no anduve más por ahí), y cortando dos de tres pistas. Volviendo a lo anterior... bueno, me preguntaba por qué a la mayoría le gusta salir de vacaciones en febrero; si todos salen de la ciudad al mismo tiempo, ocurre que los lugares de veraneo se llenan al mismo tiempo, ¿no? Y es estresante andar por una avenida-costanera buscando estacionamiento... y sin auto, el sólo hecho de llegar a una playa/camping/parque lleno, ¿no es también estresante? Y para el regreso, la misma cosa: todos usando las mismas carreteras al mismo tiempo... y finalmente, todos corriendo en marzo, al mismo tiempo. Si alguien recargó sus pilas, debe haberlas gastado instantáneamente en cada aglomeración ("las agotaron en el peaje", dijo mi amiga Claudia).
Fuera de las vacaciones, parece que a la gente -en el fondo- le gusta esa tensión provocada por la presencia de otras personas, aunque vivan quejándose de ello; basta ver cómo un local lleno sólo atrae más gente, aunque hay que admitir que a veces la multitud tiene razón: sea lo que sea, es más barato o es más rico en ese local lleno. Pero creo que la gran mayoría de las veces la cosa no es tan cierta, incluso si se trata de un lugar famoso (ups... me acabo de acordar de las empanadas de La Picá de Huentelauquén: 2 de 3 salieron llenas de queso... que no era queso puro, o era puro queso mal hecho; primera vez que iba y no pretendo volver pronto). Ni la cara de los clientes felices me podrá convencer de lo contrario... es que la mayoría se conforma con tan poco que no soy capaz de confiar en ellos.
Cambiando de tema, el cumpleaños mío de este año pasó sin ganas de ser celebrado. No es que no quisiera cumplir años, sino más bien, que no sentía nada. Nada bueno, nada malo. Nada. (...) OK, sí sentía algo malo: todos felices por mi cumpleaños, y yo sin entender por qué era tan bueno estar de cumpleaños. Me pasa seguido esto de no entender nada: Sergio puso repisas en su bodega, pudo bajar algunos cachivaches, y él estaba feliz. Lo siento mucho, pero para mí sigue siendo una bodega y ya; puedo decir que quedó bien, pero nada más.
Yo creo que no siento, pero mi nariz... uf! Mi olfato da susto... estoy como cuando chica, en que sentía un olor que no me gustaba y me ponía a llorar, o a toser, o a aguantar la respiración, o todo lo anterior. Así mismo ando... aunque lo que más hago es toser; hay días en que no soporto ni el olor de mi cara, y entonces me lavo la cara, pero sin jabón (en días así, el riesgo de alergias pasan a segundo plano: el olfato manda). ¿Será mi nariz la que me impide disfrutar de la comida normal? Porque de las... no sé... ¿ocho? veces que comí afuera durante febrero, creo que disfruté una sola... dejémoslo en una y media; después de eso, McDonald's ha pasado de ser comida normal a ser comida divina (ya se le va a quitar).
El día en que mamá y hermanita volvieron a Chile fue raro... me puse a llorar. No sé si era angustia, ansiedad o rabia. Sé que no era nada bonito, menos para una bienvenida. Todavía no sé qué pasó, excepto que mamá y hermanita volvieron a casa, sanas y enteras.
Fuera de las vacaciones, parece que a la gente -en el fondo- le gusta esa tensión provocada por la presencia de otras personas, aunque vivan quejándose de ello; basta ver cómo un local lleno sólo atrae más gente, aunque hay que admitir que a veces la multitud tiene razón: sea lo que sea, es más barato o es más rico en ese local lleno. Pero creo que la gran mayoría de las veces la cosa no es tan cierta, incluso si se trata de un lugar famoso (ups... me acabo de acordar de las empanadas de La Picá de Huentelauquén: 2 de 3 salieron llenas de queso... que no era queso puro, o era puro queso mal hecho; primera vez que iba y no pretendo volver pronto). Ni la cara de los clientes felices me podrá convencer de lo contrario... es que la mayoría se conforma con tan poco que no soy capaz de confiar en ellos.
Cambiando de tema, el cumpleaños mío de este año pasó sin ganas de ser celebrado. No es que no quisiera cumplir años, sino más bien, que no sentía nada. Nada bueno, nada malo. Nada. (...) OK, sí sentía algo malo: todos felices por mi cumpleaños, y yo sin entender por qué era tan bueno estar de cumpleaños. Me pasa seguido esto de no entender nada: Sergio puso repisas en su bodega, pudo bajar algunos cachivaches, y él estaba feliz. Lo siento mucho, pero para mí sigue siendo una bodega y ya; puedo decir que quedó bien, pero nada más.
Yo creo que no siento, pero mi nariz... uf! Mi olfato da susto... estoy como cuando chica, en que sentía un olor que no me gustaba y me ponía a llorar, o a toser, o a aguantar la respiración, o todo lo anterior. Así mismo ando... aunque lo que más hago es toser; hay días en que no soporto ni el olor de mi cara, y entonces me lavo la cara, pero sin jabón (en días así, el riesgo de alergias pasan a segundo plano: el olfato manda). ¿Será mi nariz la que me impide disfrutar de la comida normal? Porque de las... no sé... ¿ocho? veces que comí afuera durante febrero, creo que disfruté una sola... dejémoslo en una y media; después de eso, McDonald's ha pasado de ser comida normal a ser comida divina (ya se le va a quitar).
El día en que mamá y hermanita volvieron a Chile fue raro... me puse a llorar. No sé si era angustia, ansiedad o rabia. Sé que no era nada bonito, menos para una bienvenida. Todavía no sé qué pasó, excepto que mamá y hermanita volvieron a casa, sanas y enteras.
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